¿HAY UN PORQUÉ PARA EL SUFRIMIENTO?


¿Por qué sufrimos? ¿Por qué Dios lo permite?

Esta es una pregunta que se hacen a menudo las personas que viven con, por y para Cristo y que les cuesta aceptar que conviviendo con el que más te ama ocurran situaciones de dolor incompresibles para nuestra mente.

Si Dios te quiere,  ¿porqué te hace sufrir?

Supongo que se hará la misma pregunta mi hija cuando, tratando de actuar por su bien, le impido hacer algo que le gusta y ella sufre por ello. ¿Por qué si me quieres me haces sufrir?

Parece una pregunta parecida a la que le hacemos a Dios, ¿no?.

Cuando para aliviar tu salud, has de pasar por el quirófano,  ¿por qué hay que sufrir la operación y el tratamiento?  ¿No podría sanarme sin pasar por eso?. ¿Es el médico el culpable?

Hoy entro en arenas movedizas al hablar de un tema delicado pero que no por ignorarlo, lo haremos desaparecer:  el dolor y el sufrimiento.

Hablo para los que pensábamos que viviendo enamorados de Cristo todo iba a ser de color de rosa….. Pues no. No es así, la rosa tiene espinas. El amor siempre exige renuncia, sufrimiento. Es normal que queramos huir de dolor cuando se manifiesta, nuestras limitaciones nos invitan enseguida a la huida y al pataleo. Pero hay que hacer frente al dolor, huir de él es lo único que hará fracasar nuestra historia de amor, y solos no vamos a saber caminar. El sufrimiento está para sufrirlo.

Pero, ¿por qué Dios nos hace sufrir? ¿Es necesario?.

Quiero que leas con detenimiento un cuento que te va a estremecer y también te ayudará a abrir la mente para sacar conclusiones al final de este artículo… y tiempo después.

¿JESÚS ESTÁ EN TU CORAZÓN?

“Mañana por la mañana…,” -el cirujano explicaba a un niño: “Abriré tu corazón…”

El niño interrumpió: “Entonces, ¿usted encontrará a Jesús ahí?”.

El cirujano se quedó mirándolo, y continuó: “Cortaré una pared de tu corazón para poder ver el daño completo en tu corazón…”

“Pero cuando usted abra mi corazón, ¿usted encontrará a Jesús ahí?”.

El cirujano, miraba incrédulo a sus padres, que contenían sus lágrimas a duras penas, y prosiguió con sus técnicas explicaciones: “Cuando ya haya visto todo el daño ahí, planearemos lo que sigue, ya con tu corazón abierto”.

“Pero, ¿encontrará a Jesús en mi corazón?. Me lo han enseñado de pequeño, Él vive ahí“.

“Hasta en mis libros lo dice, Él vive ahí… ¿Usted lo encontrará en mi corazón?”.

El cirujano, impasible, pensó que era suficiente: “Mira niño, te diré qué voy a encontrar en tu corazón: encontraré músculo dañado, baja respuesta de glóbulos rojos y debilidad en las paredes y vaso. Y me daré cuenta si te podemos ayudar”.

“Bien, pero seguro que usted encontrará a Jesús ahí también. Es su hogar, El vive ahí, siempre está conmigo“.

El cirujano se fue…; se sentó en su oficina, se puso a grabar en una grabadora sus estudios previos a la cirugía: “…Aorta dañada, vena pulmonar dañada, degeneración muscular cardíaca masiva, sin posibilidades de trasplante, difícilmente curable”.

“Terapia: Analgésicos y reposo absoluto. Pronóstico:” -Tomó una pausa-, muerte dentro del primer año“.

Detuvo la grabadora. “Pero tengo algo más que decir”:

“¿Por qué?”, -preguntó en voz alta-. ¿Por qué le hiciste ésto a él?  Tú lo pusiste aquí; tú lo pusiste en este dolor y lo has sentenciado a una muerte temprana. ¿Por qué?

El Señor le contestó y le dijo: “El niño, mi oveja, no pertenecerá a tu rebaño jamás, porque él es parte de mi rebaño, y conmigo siempre estará toda la eternidad”.

“Aquí en el Cielo, en mi rebaño sagrado, él no sentirá ningún dolor, y será confortado de una manera inimaginable para ti o cualquiera, así que es imposible que tengas la menor idea de lo que voy a hacer…”.

“Sus padres un día se unirán a él aquí, y conocerán la paz y armonía juntos en mi reino, y mi rebaño continuará creciendo”.

El cirujano empezó a llorar fuertemente, pero le dio una gran tristeza; no entendía.

-“Tú creaste ese muchacho y también su corazón y morirá en meses. ¿Por qué?

El Señor contestó: “El niño, mi oveja, ya es tiempo que regrese a su rebaño, porque su tarea en la tierra ya la cumplió“.

“Hace algunos años, envié una oveja mía también, para que ayudara a sus hermanos; Le di dones de doctor, pero con tanta ciencia se olvidó de su Creador. Así que envié a mi otra oveja…, el niño enfermo, no para perderlo en los rebaños de humanos perdidos; al contrario, regresa a mí, y me trajo a mi oveja perdida a mí también“.

El cirujano lloró…, lloró…., y lloró.

Después de la cirugía, el cirujano se sienta al lado de la cama del niño, y los padres del niño lo hacen en frente del médico.

El niño despertó, y rápido murmurando, preguntó:

¿Abrió mi corazón?

“Si,” dijo el cirujano.

“¿Qué encontró?” preguntó el niño.

“Tenías razón, encontré a Jesús ahí, dijo el cirujano.

Es muy duro este relato. Cuesta entender que Dios tiene que cerrar una puerta para que se abra otra.

Hace mucho tiempo que leí esta historia y la rescato cada vez que convivo con el sufrimiento, propio o ajeno.

Parece necesario, y es muy cruel esta afirmación, que ocurran algunas desgracias para que otros comprendamos que nunca hemos de dejar de agradecer cuánto tenemos y que nunca hemos de desfallecer en la lucha con el sufrimiento.

Me cuesta decirlo, pero si no ocurrieran algunas desgracias me habría convertido en ese tipo de personas insensibles que, cual cirujano, apoyados en razonamientos  y argumentos, lo único que consiguen es girar sobre si mismos, alrededor de su ego, ensimismados con las tareas cotidianas que parecen lo más importante; mientras, permaneceríamos impasibles ante cualquier sentimiento ajeno que nos invite a convivir con él.

Hay una frase que, aunque de otro contexto, encaja bien para completar estos razonamientos: una cosa es hablar de toros y otra es torear.

Es cierto, se puede hablar mucho desde la barrera, desde la grada o viendo como otros torean la vida desde una óptica alejada. Pero lo más probable es que en alguna ocasión nos toque salir al ruedo y enfrentarse a un enorme peligro cuya dimensión desconocemos por mucho que hayamos hablado de ella. Hemos de estar preparados para ello y saber que la huida no dará la victoria.

Tratando de cerrar esta entrada, un poco más larga de lo habitual, buscando una respuesta al título, creo que sí hay un porqué para el sufrimiento, pero es imposible encontrarlo en el tránsito, la respuesta la encontraremos cuando nos alejemos del foco del dolor, quizá al final de nuestra vida, cuando el balance se pueda hacer con todas las experiencia.

Recuerda, vives una historia de amor con Cristo, y aún en las crisis, esta es la única que te ayudará en tu caminar. El amor duele, queda bien expresado en esta canción del grupo Mecano:

“Quise cortar la flor más bella del rosal,

pensando que de amor no me podía pinchar;

y, mientras me pinchaba, yo pensé una cosa:

que una rosa es una rosa…”

Lázaro Hades.

Gracias al admirado maestro Manglano por sus lecciones.

9 comentarios

  1. ¡Madre mía, qué nudo se me acaba de poner en la garganta!, necesito tiempo para masticar lo que hoy nos dice el Señor a través de ti Lázaro.

  2. Menuda lección nos acabas de dar hoy Lázaro,me la guardo y así la repaso y medito cada vez que tenga un examen duro.

    Mil gracias y un cariñoso saludo.

  3. Gracias,por tus reflexiones.

  4. Yo pienso que no Dios “manda “las cosas,hay gente que así lo cree,y yo la respeto,pero me cuesta entenderlo,porque creo que no es así.Este año me tocó hablar del sufrimiento en clase de Religión,y leyendo sobre eso llegué a la conclusión de que Dios no nos manda las enfermedades,ni las desgracias,están ahí y son parte de la vida,sin embargo la postura de Dios ante el sufrimiento es la de estar al lado del hombre apoyándolo ,más estrechamente unido a él cuando más grande es el sufrimiento.

  5. Has dado en la diana..el sufrimiento está para sufrirlo….pero con la Gracia es balsámico y tiene el sentido de salvacion….cuando me hizo entender el sufrimiento que el dolor es la puerta de la Vida…madre mia como cambió mi corazón…una Gracia inmensa que el encontrarse con la Verdad en Persona Jesus, hace que entre el corazón en el mas descansado descanso……..y solo pasa que sin pretenderlo se abren las manos y el corazón en Cruz hacia el Amor….precioso lo que pones en tu blog Lázaro, me encanta.

  6. Me atrevo a reformular tu pregunta en ¿Hay un para qué…?
    Sólo Jesús da la respuesta desde la Cruz.

  7. Me siento triste y dolida. Se que EL ha estado siempre presente en la historia de mi vida,que cada día, debería decir GRACIAS MI SEÑOR. y no preguntarle nunca ¿PORQUE? pero un hijo duele tanto, tanto, tanto
    que dudas de todo, pierdes la confianza en EL, y después te sientes miserable lo necesitas más que nunca, te arrepientes, lloras, pataleas y al final dices HAGASE TU VOLUNTAD Y NO LA MIA. Gracias mil veces gracias hermano.

  8. Madre mia ¡¡¡¡¡¡¡ um precioso texto Lazaro, llevaba tiempo sin entrar en el ordenador y me encuenro hoy con esto, la verdad me ha encantado, lo guardare.Yo soy de la opinion que todo ya sea malo o bueno son pruebas que Dios nos pone, UNAS MAS DURAS Y OTRAS MENOS, unas las saldamos y otras no, y cuando por una enfermedad nos marchamos creo realmente que es porque se nos acabo aqui nuestra mision, pero seguimos trabajando desde otro plano.como por ejm ayudando a alguien ,familiar o no..
    Ahora eso si…… EL jamas nos abandona y vive dentro de nosotros, de cada uno de sus hijos.Yo lo siento todos los dias.
    Gracias Lazaro por estos textos.
    Un abrazo.

  9. es lo que necesitaba oir hoy¡gracias

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