100.000 OCASIONES

En ocasiones ocurren acontecimientos que son difíciles de digerir, desgracias y alegrías que nos generan emociones que sacuden nuestras vidas de manera desmedida para lo que estamos acostumbrados a soportar.

Puede que en alguna ocasión hayas pensado: si a mi me ocurriera eso,  ¿cómo actuaría yo en una situación similar?.

A mi nunca me a tocado la lotería. Si algún día me muestran un cheque de cartón de esos grandes, lleno de ceros y me hacen posar para la prensa con cara sonriente descorchando una botella de champán… la verdad es que no me veo. No me imagino yo, ni siendo el afortunado, ni siquiera posando para la foto.

En el otro extremo es aún peor. Gracias a Dios, no he tenido que sufrir grandes desgracias que me hayan afectado directamente. He visto y sufrido con familias que realmente han sido golpeadas duramente por los acontecimientos de sus vidas. Tampoco me puedo imaginar yo en una situación así.

Supongo que debe ser un mecanismo de autodefensa, pensar cómo actuaría uno en un sentido u otro.  Debe ser algo como adivinar el traje que me voy a poner para aquel acontecimiento. Pero no se trata del vestido, estamos hablando de lo que vestimos. Creemos que podemos pensar como si fuésemos nosotros los dueños de nuestros sentimientos. Me parece que no lo somos.

La semana pasada pude vivir dos acontecimientos relacionados con la vida (y ahora verás cuánto) diametralmente opuestos. Sigue leyendo

BENDICIÓN DE LA MESA


“El cristiano, antes y después de comer, tanto si lo hace solo como si comparte los alimentos con otros hermanos, da gracias a Dios providente por los manjares que cada día recibe de su bondad. No deja de recordar, además, que el Señor Jesús unió el sacramento de la Eucaristía al rito de un banquete y que, una vez resucitado de entre los muertos, se man[Bendiciendo los alimentos antes de comer.  Antigua fotografía postal de principios del siglo XX]ifestó a los discípulos al partir el pan. 

El cristiano, cuando se sienta a la mesa, reconociendo en los manjares que le dan una señal de la bendición de Dios, no debe echar en olvido a los pobres que posiblemente carecen del sustento del que él, quizás, disfruta en abundancia. Por eso debe, con su sobriedad, subvenir en la medida que le sea posible a la necesidad de aquellos”.

Bendicional 883-884 Sigue leyendo