CRISTO, MI VECINO Y LAS CLASES DE COCINA


¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces?

(Jn 14,6-14)

Este es un fragmento del Evangelio de hoy. Pulsando aquí puedes leerlo completo.

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¡Menuda pregunta nos hace Jesús a ti y a mí hoy!

La verdad es que, pese a llevar mucho viviendo juntos, no siempre podemos decir que lo conocemos del todo.

En las últimas semanas he recurrido en varias ocasiones a la idea que somos los cristianos de base, los soldados de reemplazo (esto solo lo van a entender los que hicieron la “mili”) los que tenemos que tirar del carro para que la gente con la que convivimos conozca de verdad a Cristo.

Sin ir muy lejos para buscar, solo he tenido que mirarme para encontrar a alguien que ha sido vecino de Cristo mucho tiempo y no lo conocía.

Durante muchos años de mi vida nuestra relación era como la de esos vecinos que viven en el mismo edificio pero que apenas tienen relación.

Por mucho tiempo fui consciente de que vivíamos los dos en el mismo bloque de pisos, porque cuando me bautizaron y educaron “en cristiano”, gracias a Dios, me facilitaron vivir en una buena zona y sabía de mis vecinos.

Con el paso del tiempo y las ocupaciones (ya sabes, el trabajo, los estudios, las chicas, los coches, el fútbol… las cosas que nos ocupan aquí abajo…), nuestro espacio (más bien el mío) se fue acotando y apenas teníamos relación pese a vivir juntos. Vamos, que eramos de esos vecinos que se ven una o dos veces al año, cuando no hay más remedio, porque han convocado una reunión de la comunidad. En nuestro caso, Dios y yo sólo coincidíamos en las “BBC” (bodas, bautizos y comuniones), a las que, como en la mayoría de las reuniones de vecinos, asistes porque tienes que cumplir.

Lo cierto es que en muchas ocasiones nos habíamos cruzado en la escalera, subiendo (casi siempre yo) y bajando (él lo hacía una y otra vez).

También nos vimos en alguna “fiesta de guardar” o en ocasiones especiales en los que le felicité, como a mi vecino, por cortesía, sobre todo en Navidad. Precisamente cuando era el cumpleaños de Jesús y yo, ignorante, lo cambiaba muchas veces por un “felices fiestas”.

Está claro que no le conocía.

No puede ser más gráfico: vivía con él desde hacía mucho tiempo y no le conocía.

Por eso insisto en la idea que nosotros, en la medida de nuestras posibilidades, somos los que poco a poco hemos de ir dando a conocer, sin ambages, al Cristo que conocemos. Sin muchos matices, entregando su tarjeta de visita a quien quiera saber un poco más de Él.

¿Sabes cuál es la tarjeta de visita de Jesucristo?

Eres tú.

Es en ti dónde lo han de encontrar quienes quieran saber un poco más de él.

Imagínate que 200 amas de casa se sientan delante de un cocinero que las ha citado para dar unas nociones de cocina. Muchas de ellas son inexpertas o cocinan porque no tienen más remedio que alimentar a diario a sus hijos y a sus maridos, pero la cocina les gusta muy poco.

El cocinero, que es amante de su profesión, tiene la oportunidad de poderles exponer sus múltiples conocimientos y con su experiencia, nada más entrar en el oratorio, observa sin mucha dificultad que hoy el público está lleno de inexpertas cocineras.

Es una magnífica oportunidad para que explicar a estas mujeres 3 ó 4 recetas para que usen la termomix en casa y si le da tiempo, un par de guisos de toda la vida y alguna receta de pasta, que esto siempre queda bien. Para terminar un postre facilito.

Seguro que esas señoras salen de allí con unas nociones básicas pero fáciles de aplicar en su día a día. Algo que por otra parte, estimulará un poquito su frágil espíritu de cocinera.

Pero ¿qué ocurriría si el cocinero de turno dedica su ponencia a hablar sobre la cocina de fusión? ¿Si desarrolla una disertación sobre una espuma de algas deshidratadas sobre corales esféricos de aire oxigenado cubiertos de salsa evaporada de nubarrones de cítricos?. Con esa receta, el afamado cocinero ganó un premio internacional

Pero lo más seguro es que nuestras amas de casa, las que no se durmieron, saliesen de allí sin ni siquiera ser capaces de repetir dos frases de las que el brillante chef había pronunciado.

No hace mucho, desarrollaba una entrada, sentida y profunda, para hablar de cómo el comportamiento de una persona llega a ser como un el de un Cristo de nuestros días. Hablaba de Patricia, una querida lectora del blog, que desde aquel día ya nos lee usando la wifi que Dios tiene instalada en el Cielo. Puedes leer aquel escrito pulsando aquí.

Pues precisamente ayer pude acudir a la Misa Funeral que se celebró para despedirla, ahora con el dolor de la separación de sus familiares un poco más asentado.

Como no podía ser de otra manera, acudió mucha gente. Unas 200 personas, según pude calcular, abarrotaban la iglesia. Algo inusual para un miércoles por la tarde.

Se notaba que muchos de los que allí acudían no eran “clientes habituales”.

En los minutos previos y posteriores a la misa me dio tiempo a sacar algunas conclusiones y acordarme del cocinero que os he mencionado.

Cuando el sacerdote iba a comenzar la homilía me incorporé hacia adelante impaciente y atento a lo que iba a decir ante tan seductor auditorio…

… y creo que perdió una oportunidad de dar a conocer a Cristo.

Le pasó lo que al cocinero. Podía haber hablado de cómo y porqué Dios vive con nosotros día a día manifestándose en los acontecimientos cotidianos, y optó por un discurso teologicamente impecable.

Tomo muchas precauciones cuando abordo estos asuntos, pero vuelvo hoy a recordarnos que cuanto más nos elevemos en nuestros discursos cristianos menos nos van a entender muchos de nuestros vecinos que están deseando conocerle.

Conocida es mi admiración por los sacerdotes y mi envidia cada vez que los veo consagrando y teniendo el Cuerpo de Cristo en sus manos, pero cuántas oportunidades de acercárnoslo pierden en enrevesadas homilías sin tener en cuenta el auditorio.

Con todos mis respetos.

Lázaro Hades

Una respuesta

  1. Me ha gustado saber que la tarjeta de Cristo soy Yo!! cuanta sencillez, serenidad y humildad tengo que acoger de Cristo!! Me pego a Su Madre y la Mia tambien para tal encargo…la Luz que tiene que pasar a través de mi…..abrir las puertas de mi corazón para que esto ocurra es mi Mision en esta tierra…y se torna en un trocico de Cielo….

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