CUATRO CON NOVENTA Y CINCO


(Mt 7,1-5): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzguéis seréis juzgados, y con la medida con que midáis se os medirá. ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu ojo? ¿O cómo vas a decir a tu hermano: ‘Deja que te saque la brizna del ojo’, teniendo la viga en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna del ojo de tu hermano».

Cada día llego a entender mejor cómo Jesucristo nos habla a través del Evangelio. A lo largo de este aprendizaje me he habituado a leer cada mañana el Evangelio del día, llegándose a convertir en el hilo conductor de la jornada.

Es cierto que esta lectura del Apóstol Mateo la comprensión es fácil. Sin embargo, me atrevo a compartir la reflexión a la que me ha llevado.

No me tengo que remontar muy lejos en mi memoria para recordar una experiencia de la vida diaria en la que aplicar la lección que hoy Jesús me da.

Para los que somos padres, en estos días de fin de junio, vemos cómo nuestros hijos están inmersos en los exámenes finales y esto les genera un gran estrés, a ellos… y a nosotros. En situaciones de estrés se hace más complicada la elección de la opción adecuada en el momento de tomar una decisión. Por ello, supongo, que me alineé en la frustración de mi hija cuando se lamentaba de la nota obtenida en un examen: 4,95. A solo 0,05 del aprobado se ven las cosas de muchas formas diferentes dependiendo de lado desde donde las mires: por debajo del 5 ó por encima de esa nota.

Lo cierto es que pensaba que no era justo. Creía que mi hija se había preparado muy bien, que había estudiado suficiente y no entendía por qué se la había evaluado con un 4,95. Estando tan cerca del aprobado, entendía injusta esa calificación.

Otro padre y buen cristiano, mucho más sensato que yo, me hizo un comentario que paró la efervescencia de mi ira: “si el aprobado es 5, es 5. Si su trabajo ha estado calificado con un número por debajo de esa cifra, se ha de asumir. Antes del examen sabías que el nivel estaba ahí y ahora has de acatar el no haberlo alcanzado”.

Antes de ese momento, había entrado en una serie de valoraciones y juicios que no iban más que avivar el fuego de mi crispación.

Pues hoy asumo el Evangelio como lección: No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzguéis seréis juzgados, y con la medida con que midáis se os medirá”.

Me doy cuenta que debemos huir de la tentación que supone el juicio fácil ante una adversidad personal, que debemos ser muy exigentes con nosotros mismos, marcándonos objetivos más altos del “5” que supone el aprobado y que den la verdadera medida de nuestras posibilidades y que ayuden a un mayor desarrollo personal y profesional.

Me doy cuenta que cada día se nos plantean situaciones en las que aplicar las lecciones que se nos da a los cristianos a través la Palabra de Dios y que no solo nos ayudará a crecer en la fe, también nos sirven para ser mejores personas, mejorar como padres y a buscar razonamientos lógicos con argumentos sólidos para que nuestros hijos puedan entender que desde hace muchísimos años están escritas las enseñanzas para superar adversidades como esta.

Cuando los escépticos me preguntan que para qué sirven las lecturas del Evangelio en la vida real, me digo que quien no lo ve es porque la viga de su ojo no lo deja ver.

Antes de juzgar “saquemos la viga que tenemos en nuestro ojo y después…. dejemos el juicio a Dios.

 

Lázaro Hades

3 comentarios

  1. Estoy totalmente de acuerdo contigo.la lectura del evangelio es el hilo conductor del día.Te exige un estilo de vida determinado.Hay días que es más teológico ,sobre todo los leidos al final de la pascua,referidos a la Ascensión,los de San Juan,que son más enrevesados,y días como el de hoy,que hablan sobre valores,aplicablesa todo el mundo,ayudan a vivir mejor,a ser mejores personas,a crear un mundo mejor,más llavadero,más feliz,que es éso justo lo que Dios quiere,que seamos felices y por eso nos ha dejado todas estas enseñanzas,sólo tenemos que ponerlas en práctica.Vivir los valores cristianos es buscar la felicidad.

  2. Gracias, tu reflexión me ayuda mucho.

    • Arcendo, gracias a ti. Dios se alegrará de haberte ayudado con mi reflexión y yo me alegro de haber sido usado como pretexto para ello.
      Muchas gracias por tu visita al blog.
      Un abrazo!

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