LA SOBERBIA Y LA SENCILLEZ

Qué bien queda exclamar aquello de “yo soy una persona sencilla”. Parece que eso vende más, que nos hace mejores decirlo.

Pero somos lo que hacemos y no lo que decimos que hacemos.

He descubierto un buen negocio. Un trato altamente rentable. Si se pudiera, nunca obtendríamos mayor beneficio que comprando a un hombre por lo que realmente vale y vendiéndolo por lo que él dice que vale. El beneficio sería brutal, porque la diferencia entre lo que decimos de nosotros es enormemente superior a lo que somos.

Tanto la entrada de ayer a propósito de las ratas de mi desván y la de hoy en torno a la sencillez, son dos invitaciones a la reflexión especialmente apropiadas en este tiempo Sigue leyendo