NO ME GUSTA, dice Dios, EL HOMBRE QUE NO DUERME

Los cristianos tenemos clara nuestra meta. ¡Es formidable! El camino, sin embargo, tiene momentos de todo tipo. Uno de los sabores amargos lo dan los fallos personales, el cansancio de desviarnos o caer una y otra vez en lo mismo, el desánimo causado por intentos fallidos, por metas no alcanzadas.

    Necesitamos aprender a vivir siendo como somos: fallones. En el camino los fallos son experiencias: todos los éxitos en su principio fueron fracaso. La perseverancia no es una línea recta sino quebrada, con altibajos, caer y volver a levantarse hasta que se domina, entonces se está en disposición de hacer otra cosa nueva. Sigue leyendo