Una carta para Dios: LA HUMILDAD

Querido Padre:

Después de recibir una carta de Dios para mí y reflexionar sobre su contenido, me animé a responder a tu mensaje.

Encontré una enorme satisfacción con ese dialogo tan figurado con auténticamente reconfortante para el alma. Al mismo tiempo eso me ha hecho descubrir que esta vía de comunicación tan directa puede aflorar más de una reflexión que me gustaría compartir contigo, Señor.

En esta ocasión quiero hablarte de la humildad.

En mi aprendizaje para vivir en cristiano he descubierto que uno de los valores más reconfortantes que nos enseñaste cuando estuviste entre nosotros fue tu humilde comportamiento.

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