LA BATALLA DEL EGO


En ocasiones buscamos mucho más allá repuestas que tenemos mucho más acá de lo que pensamos.

En días pasados, he asistido como espectador a una confrontación subyacente entre los caracteres de dos personas, amigas, hermanas en Cristo y compañeras de trabajo.

¿El detonante? Pececillos (como diríamos tras leer el post del otro día). Problemas de nuestro día a día que son minúsculos comparados con la dimensión de esta vida que tenemos la suerte de vivir.

¿El resultado? Dos personas heridas en su interior por consecuencia de un ego desbordado a causa de situciaciones cotidianas que lo hacen aflorar pensando que es necesario ponerlo encima de la mesa para sentirse poseedor una razón que te hace creer que por ello eres superior a tu semejante, olvidándote de tu minúsculo tamaño comparado con el único al que debes tratar de imitar y que no es otro que el dueño de la cruz que portas en tu pecho.

¿Las consecuencias? Personas frustradas y problema sin resolver mientras pensemos que esto se mide solo por un día a día que a veces nos embriaga llegando a creer que somos nosotros los que ponemos las cosas en su sitio en lugar de concluir que las cosas son y serán como Dios quiera que sea por mucho que nos empeñemos nosotros en administrar justicia.

La vida está para vivirla y el sufrimiento para sufrirlo. Pero no nos equivoquemos de rival. Y vosotras no lo sois.

Mientras nos enfanguemos del lodo de egos crecidos será complicado que no se nos taponen los ojos del espíritu ocultando una visión que fue la que os trajo hasta aquí, hasta ahí, donde chocáis por simplezas de este mundo que nos confunde con las impertinencias de lo cotidiano.

En esta ocasión, vemos desde fuera, este encuentro de personas que rivalizan por egos y consecuencias del un día a día, pero seguro que en alguna ocasión nosotros hemos tomado el papel de protagonista en situaciones similares.

Las lecturas de este último lunes ordinario antes de la Cuaresma me lo han puesto fácil para argumentar respuestas que desnuden esta situación cotidiana.

Leed con atención lo que dice este fragmento de la carta de Santiago (Sant 3, 13-18):

(…) Hermanos: El que se tenga por sabio y prudente, demuestre con su buena conducta que sus actos tienen la sencillez propia de la sabiduría. Pero si ustedes están dominados por la rivalidad y por el espíritu de discordia, no se vanagloríen ni falten a la verdad. Semejante sabiduría no desciende de lo alto sino que es terrena, sensual y demoníaca. Porque donde hay rivalidad y discordia, hay también desorden y toda clase de maldad.

En cambio, la sabiduría que viene de lo alto es, ante todo, pura; y además, pacífica, benévola y conciliadora; está llena de misericordia y dispuesta a hacer el bien; es imparcial y sincera.

Un fruto de justicia se siembra pacíficamente para los que trabajan por la paz.

Hay que reconocer que algunos textos que se leen en las lecturas de misa, son difíciles de entender porque el lenguaje es demasiado complejo para nuestra viciada atención que gusta de discurso fácil, no obstante, hoy más clarito no nos lo pueden contar.

Seguro que hay momentos en los que se hace difícil controlar nuestros egos y nuestros brotes de ira incontenida que afloran con gestos mutilados que no por ello dejan de golpear la sensibilidad de nuestro hermano, cuyo impacto nos nubla el sentimiento de tal manera que llega incluso a hacer gozar de la cínica victoria fingida en cada batallita que pensamos hemos ganado a nuestro semejante.

¿En la lucha por qué? ¿Por tener el ego más grande que tú? ¿Y qué es el ego? ¿Cómo de grande es eso? ¿Para que sirve?

Mejor será que vayamos buscando la forma de arrinconarlo en algún lugar para que ni siquiera podamos hablar de él.

Hay ocasiones en las que realmente quieres cambiar una actitud, pero no es menos cierto que lo crees imposible pues la ves tan arraigada en tí que se te hace dificil arrojarla cual espíritu inmundo instalado en tu interior, de los mismos de esos que nos hablaban continuamente se adueñaban de los cuerpos en época de Cristo.

También hoy, para qué buscar más sin Dios nos marca las páginas, en el Evangelio se nos pone de ejemplo un endemoniado, y yo aprovecho para completar este razonamiento sobre los egos.

El padre se acercó a Jesús para pedirle que expulsara al demonio del interior de su hijo, y el hombre le dice algo más o menos asi: “Jesús, échalo, el chico está sufriendo mucho, yo no tengo mucha fe, pero hombre, écha al demonio de su interior…”

El mosqueo que tenía Cristo era notable, hasta el punto que tuvo que exclamar “¿Hasta cuándo tendré que soportarlos (a los de poca fe)?” Si querías una prueba de que el hijo de Dios es humano, ahí tienes una. Y es que estaba cansado de tanto incrédulo. Encima le piden que cure al niño, pero diciéndole que no creen mucho… lo dicho, es para mosquearse.

Pero tras curarlo, más tranquilo, horas después le explica a los discípulos la receta aplicada para esta curación, porque ellos, que eran los que aplicaban los primeros auxilios antes que llegara Cristo, no habían podido sanarlo.

El les explicó, que ese tipo de males se cura con mucha oración.

Pues lo mismo le digo a mis amigas con el ego engordado, que la calma solo os va a venir a través de la oración. Y esa calma os encenderá la luz para poder aplastar lo que impide que avancéis en un camino que juntas, tenéis que recorrer.

El proceso duele. También nos lo han explicado hoy en el salmo responsorial: los preceptos del Señor son rectos, pero alegran el corazón.

Lázaro Hades.

7 comentarios

  1. Gracias Lázaro.

  2. Con estas palabras las has ayudado muchísimo,seguro.

    Yo las recibo con alegría y humildad.

    Un cariñoso saludo.

  3. Si es que es el detonante de como funciona este mundo. Todo viene de esa minúscula palabra “Yo” analicemos cualquier mal de esta sociedad y tirando tirando de la cuerda nos topamos con esa realidad. Desde lo más banal hasta las atrocidades que se cometen, incluso adornadas con la palabra amor. Ya lo dice Jesús bien claro al poner la condición para seguirle: “”El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo”. Mt 16, 24-28”
    Un abrazo

  4. Desde luego,el “ego engordado”es el que mas lata nos da,aqui si que nos interesa tenerlo anorexico,por supuesto lo conseguiremos en la oración.Me encantan sus comentarios ,son profundos y “calan”

  5. El Evangelio cada dia puede sorprendernos, el de hoy lo he leido desde siempre, sin embargo hoy ha siso completamente nuevo para mi cuando Jesus dice Esta especie solo puede salir con oracion. Hay a veces tantas cosas que queremos cambiar por nuestros medios… gracias como siempre por tus reflexiones tan acertadas.Con cariño Juana.

  6. El “ego” dichoso, la guerra que dá. He pasado a la accion Lazaro…no doy explicaciones, pues lo que me conocen no las necesitan y mis enemigos no las creen…..asi que agarrada a la oracion diaria me sumerjo en la Paz interior y en estar atenta a su Voluntad…hacerlo todo por El para El y con El….lo que repetimos en la santa Misa…y sabes? la de follones que me evito conmigo misma y con los demas.
    Me encanta visitarte porque me llevo una alegria grande en el corazón. Gracias

  7. La razon de desarrollar mas el ego, que la humildad es la falta de oracion, jesus dijo oren para que no caigan en tentacion, pero nosotros realizamos lo mas facil, gracias lazaro DIOS TE BENDIGA

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