HAY QUE COMÉRSELO TODO…


“No juzguen y no serán juzgados;

no condenen y no serán condenados;

perdonen y serán perdonados (…)

la medida con la que ustedes midan

también se usará para ustedes.”

(Lucas 6, 36-38)

.

Cualquiera que llegue a este blog católico por primera vez y vea una hamburguesa en la imagen que acompaña a esta entrada pensará que se le habrá colado la publicidad de un restaurante de comida rápida.

No. No es así. A ver si consigo explicarte cómo ha llegado hasta aquí…

Llevo unos días inquieto con unos asuntos que Dios ha tenido a bien ponerme en mi camino y que sutilmente, una vez más, me ha ayudado abordar, no sin una buena dosis de dudas previas.

Puede que en alguna ocasión alguien te haya ocasionado algún daño moral. O físico, o mental. Además de lo tangible, puede que también habrá dejado magulladuras en tu orgullo, que es muy sensible ante cualquier ofensa.

A mi me ocurrió con alguien a quien tenía en bastante estima. Cuando menos lo esperaba, me traicionó.

Abusando de mi confianza la otra persona decidió tomar un camino que me perjudicaba bastante y a ella le generaba un gran beneficio a corto plazo. Nuestra relación se rompería definitivamente, muy a mi pesar, con consecuencias muy desagradables que afectaron mi ánimo y mi cándida conciencia durante unos meses.

No es necesario entrar en más detalles. Cualquiera de nosotros hemos vivido alguna situación de desengaño o desavenimiento entre dos personas que les haya hecho herirse mutuamente. Son esos casos en los que nos afanamos en buscar culpables, algo totalmente improductivo, ya que la culpa no es nada más que cinco letras que no concluyen en nada. Tenerla o no, nunca solucionará ningún problema.

En mi caso, acepté esta humillación interpretando que Dios me estaba dando una lección de humildad y asumí con pena este suceso.

Pero ha pasado un tiempo y hace unos días se me puso en bandeja poder demostrar (¿a quién? si Dios, que es el único interesado, ya estaba al tanto de todo) que aquella persona había obrado mal contra mí. Podía resarcir mi orgullo herido, aunque con ello perjudicaría a mi enemigo hermano; repararía mi honor, ensancharía mi ego… en definitiva: me vengaría. Creo que este es un sentimiento innato en el hombre, el deseo de revancha. Solo basta perder al parchís para entenderlo.

Tenía fácil servir el plato frío en el que se convierten las mejores venganzas. Estaba en mis manos el poder demostrar cómo fui engañado y poner en evidencia ahora a esta persona induciendo a pensar a un tercero que podía caer en la misma trampa en la que a mí me hizo caer, sin darle la posibilidad de tener una nueva oportunidad.

Pero en ese momento vinieron mis dudas, ¿qué haría Jesucristo en esta situación?. En ese mismo día, a través del Evangelio, El me estaba pidiendo que perdonara a mis enemigos.

Y Dios me dio una respuesta clara haciéndome recordar a su Hijo cuando lo estaban matando, que estando colgado en una cruz, humillado y con un casco de espinas clavado en su cabeza, no tuvo otra cosa que decir que perdonaran a los que le estaban torturando, razonando que no sabían lo qué hacían… ¿quién era yo para cuestionarme ahora un perdón ante una tontería semejante?

Para razonar aún más, el Señor me envió a la mente esta imagen de la hamburguesa que hoy muestro.

Recordé cuando voy con mis hijas a su restaurante preferido de comida rápida. Ellas se ponen a elegír y optan por la hamburguesa más completa de las completas. La que lo lleva todo. Una vez que me trae mi padre, yo no perdono ningún extra -supongo que pensarán-.

Luego, la chica de la gorra que se sabe todos los nombres y las combinaciones de los menús que tú nunca eres capaz de descifrar, amablemente te amontona la hamburguesa en tu bandeja junto a los sobres de ketchup, la mostaza, la pajitas, las bebidas, las servilletas, las patatas… en fin, que todo acaba llegando a tu mesa.

Mi hija abre su hamburguesa completa y…, comienza a quitarle la lechuga, le aparta el tomate, no le gustan los pepinillos y se queda solo con lo que le gusta. Y a disfrutar de su comida….

Pues así somos muchos cristianos. Como mi hija con las hamburguesas. Nos quedamos solo con lo que nos gusta.

De entrada, nos apuntamos a todo. No tenemos reparos en pedirnos un completo de cristianoSí, si, Señor, ponme de todo.

¿De todo hijo? – contesta Dios -.

Si. Sí, claro. Soy un cristiano activo, – replicas sin dudar -.

Entonces tú, como eres cristiano, creyente y practicante, comienzas tu actividad.

Un día te pones a orar, cumples los preceptos…

Te pones a agradecer…

(Qué buen cristiano eres…)

De nuevo te pones a rezar…

…Y siempre te anotas una doble ración de pedir: te pido por esto, que no se te olvide aquello, Dios mío, apúntame dos de fortaleza, de “hágase tu voluntad” un sobrecito que no sea muy grande, una triple de salud…

Y ahí está Dios. Sin gorra, pero detrás del mostrador, solícito para tomar el pedido y dispuesto a servir.

Pero ¡ojo!, que en “la completa” entran algunas cosas que no habíamos tenido en cuenta relacionadas con aquello que El decía de “amaos los unos a los otros como yo os he amado”.

El Amor. Un ingrediente que gusta tomar pero que a veces no sabemos en qué cajón lo hemos guardado para poderlo dar.

Dios pide poco, pero no deja de invitarte a perdonar. Pero no solo perdonar lo fácil, no al que te pisa el juanete, eso es muy sencillo. También Dios te pide que perdones al que te ha hecho mucho daño, te pide que elimines venganza de tu vocabulario, te pide que seas lento a la ira, te pide que “ames a tus enemigos y ruegues por tus perseguidores” (Mt 5, 43-48)

Esa es la lechuga, el tomate y los pepinillos que van dentro de tu burguer de Cristo.

Y hay que comérselo todo. Lo mismo que yo le dijo a mi hija me lo estaba diciendo El a mi en esta ocasión.

¿O es que somos cristianos apartando lo que no nos gusta?

¿Solo nos acordamos de El para pedir? No solo basta dar gracias. También El nos pone a prueba de vez en cuando.

Yo he entendido muy bien esas palabras de Teresa de Calcuta en las que decía “amar hasta que duela”.

No lo puedo negar: me ha costado mucho no vengarme, no reparar esa ofensa que se me había puesto “a huevo” saldar en este momento. No caer en la tentación.

Era fácil entender que era el momento de perdonar al enemigo, pero muy difícil digerir esa pequeña hoja de lechuga que Dios había puesto en mi comida.

Mis dudas permanecieron durante un par de días en los que me refugié en lecturas y acontecimientos relacionados con ese Cristo que perdonaba a los que le ofendían como nosotros no siempre somos capaces de perdonar a los que nos ofenden.

Aprovecho esta tribuna que El me ha puesto para agradecérselo y para prometer que de ahora en adelante, trataré de no apartar el tomate y la lechuga. Me lo comeré todo.

Hoy me dice que la medida con la que yo mida, también se usará para mi.

Es muy fácil ser críticos y darse cuenta de los fallos de los demás. Por eso mismo es necesario  vivir la primacía de la caridad; para saber corregir; para saber ocultar los fallos de los demás; para callar las injusticias; para dejar siempre, ¡siempre!, a los demás en buen lugar.

Cuando no tengas nada bueno que decir de tu hermano, cállate.

Hoy una entrada más larga de lo habitual, perdón por la extensión.

Lázaro Hades.

12 comentarios

  1. Por el amor de Dios Lázaro,perdón por la extensión?

    Yo personalmente te agradezco infinitamente esta entrada,donde me veo reflejada como si de un espejo se tratara.

    Mil gracias por enseñarme a ser cristiana 😀

    Un cariñoso saludo.

    • Gracias a ti Belén.
      Se hace más fácil el camino con vuestro apoyo.
      Un abrazo!

  2. El amor al enemigo, cosa que desde siempre no he entendido,.
    ¿como amar a mi enemigo?
    ¿como amar al que me hace sufrir?
    ¿como amar al que me abofetea?
    ¿como no juzgar las injusticias?.

    Solo de una forma, mirando la Cruz Gloriosa, donde cuelga aquel que ha sufrido todo las preguntas que hago, ese que desde la cruz dijo PADRE PERDONALO PORQUE NO SABE LO QUE HACE.

    Ese es el juicio, el de la misericordia, el del amor
    Eso me dice el Señor en este dia que tenga misericordia con mi semejantes

    • Gracias Juan José.
      Está claro que solo volviendo la mirada a Aquel que en está en la cruz podremos comenzar a despejar esos razonamientos humanos que nos impiden contestar con firmeza y actuar con seguridad ante esas preguntas.
      Un abrazo!

  3. Y yo que no me canso de leerte……Asi me he visto mucho tiempo…sin poder perdonar y la tentacion de la venganza resonando dentro de mi…hasta que cada vez que me daba la tabarra esta tentacion resonaba en mi interior: Perdon….Perdon…..y eso si al haber decubierto mi limitacion pedirle al Señor a su Medida no a la mia …tan ansiosa tantas veces….El me dá poco a poco y sin desfallecer…y empiezo a ser moderada en mis peticiones sabes?…..y he entrado en un descanso que me hace estremecer…El sabe lo que cada dia puedo comerme sin llenarme del todo…….y me hace muy llevadero el dolor….pues tambien la Madre Teresa me iluminó el “hasta que duela”…….ella decia que cada dia El me dá lo que necesita mi alma….y ya le dejo a El que lleve la iniciativa……y me hace entrar en el silencio mansamente y con mi corazón ensanchado……..un milagro de la Gracia…….acuerdate de mi hoy vale? cumplo años y estoy de fiesta en mi interior……Me hace el Señor el regalo de saberme amada, perdonada y elegida para llevarlo dentro de mi, como una Bienaventurada.

    • Felicidades Gosspi!!
      Ese corazón cumpliendo años tiene que ser algo digno de ver: …amada, perdonada y elegida para llevar dentro de ti a Dios. Efectivamente, bienaventurada.
      Que el Señor te siga encendiendo esas velas cada año y bendiciéndote sin descanso.
      Un abrazo!

  4. Gracias Lázaro.
    Esta reflexión me viene “como anillo al dedo” que costoso resulta perdonar , en mi caso a mi propio hijo; que es mi sangre.Pido a Dios que me ayude a cicatrizar mis heridas; que son muchas.

  5. Una vez que decidimos perdonar,la sensación de paz es inmensa,no nos invita Jesús a perdonar para hacernos la vida difícil,es que es mucho mejor,aparentemente al principio no,pero luego nos quedamos mucho más tranquilos.Mientras estamos preparando una venganza,no nos sentimos bien.

    • Gracias –, aprovecho para preguntarte a ti que eres la más antigua de esta clase. Hasta ahora nadie ha mencionado en ningún comentario una de las cuestiones que hago en la entrada y que me gustaría que alguien me rectifique si estoy confundido.
      ¿no crees que somos cristianos solo para lo que nos gusta? Y ahí incluyo a todos los creyentes, practicantes o no.

  6. Por supuesto que lo creo,nos hacemos un cristianismo a la carta.Ayer mismo me comentó un amigo que ser cristiano era lo más fácil del mundo,que a diferencia de los musulmanes ,no nos obligaba a nada,claro se refería a ser cristiano de estadística,pero serlo de verdad,si que es difícil.Todos hemos “espurgado” en un momento dado la lechuga o el pepinillo,como tus hijas en la hamburguesería,y esa es nuestra lucha,aprender a ser crsitianos.

  7. Recuerda hermano que “luchamos contra el mal, sólo con el bien”. Jesucristo nos dice:”No resistaís al mal” y “cuando te hieran en la mejilla derecha, ofrécele la izquierda.
    ¡Ánimo Lázaro!, todavía no haz llegado a la sangre en la pelea contra el diablo.

  8. Gracias a Dios yo no tengo que perdonar. Pero desde hace algún tiempo, me da rabia cierta gente que “a mi parecer” no son tan claros como parecen, me da cierta alegría cuando hay gente que piensa como yo ¿pero? ¿esto es bueno? ¿Quién soy yo para juzgar a nadie? UNA VEZ MÁS ME HAS HECHO PENSAR LAZARO ¿Qué clase de cristiana soy yo? YO NO QUIERO LA HAMBURGUESA COMPLETA

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