LA LLAMADA Y LA DESPEDIDA


Y vosotros ¿quién decís que soy yo?

(Mt 16, 13-19)

·

Resulta curioso todo lo que acontece y coincide en el día de hoy para mí. A estas alturas me sorprenden poco las maravillas del Señor y sólo me quedan emociones para agradecer y dar gloria por hacerme partícipe de ellas.

Hoy la entrada trata de experiencia personal. Llevaba varias semanas pensando qué iba a escribir tal día como hoy y al final parece que Dios quiere que la redacción a lo que yo llamaría improvisación y El me ha enseñado a darme cuenta que no es otra cosa que dejar que Él lleve la batuta. Ya lo hemos dicho muchas veces, los planes no los hacemos nosotros, el planeador vive arriba.

Es un día importante para mí porque se cumplen dos años del “llamado” como dirían nuestros hermanos sudamericanos.

Os explicaré cómo fue esa llamada de junio de 2010.

Como está muy de actualidad que toda España, aficionada o no, hable de fútbol, tomaré de referencia este deporte para explicaros cómo llegué hasta aquí.

Os cuento historia figurada y real de forma paralela para mejor comprensión.

Imagina a un aficionado al deporte del balón que va de vez en cuando al campo a ver los partidos (en mi caso visitas esporádicas a Iglesias, misas en “fiestas de guardar”…)  pero casi siempre por acompañar a su amigo (en mi caso, a mi mujer). 

La verdad es que pese a la emoción que muestra mi amigo en los encuentros, a mí no termina de motivar en exceso eso de ver a 22 hombres correr detrás de un balón ( o lo que es paralelo: rezar, arrodillarse, comulgar, confesar… ¿esto no era de otro tiempo?…).

La gente disfruta con los resultados y con las victorias en los campeonatos. Incluso salen a la calle con autobuses descapotables a celebrarlas paseando la copa (nunca entendía las procesiones en Semana Santa…).

Como aficionado de pacotilla no entiendo a la gente que viendo el fútbol habla de pasión (mucho menos podía imaginar lo que significaba la Pasión).

El caso es que un día pasaba por el campo, había partido, y por primera vez sin la compañía de mi amigo, siento la necesidad de entrar a verlo, ¡¿pero bueno, si a mi no me gusta el fútbol?! (Un simple cartel anunciando un cambio de horario de misas en la puerta de un convento me invita a entrar a la Capilla…).

Entro a ver el partido, y me toca un asiento privilegiado, justo detrás del banquillo. Me dispongo a observar. (En una capilla vacía, me siento sin saber cómo he llegado hasta allí y me comienzo a preguntar qué es lo que tenía que hacer entonces…)

Saque inicial. Corre el balón y a los pocos minutos el entrenador del equipo local, que pese a llevar poco tiempo en esto tiene pinta de llegar a seleccionador nacional, se gira hacia la grada y me ve sentado allí observando el desarrollo del encuentro (en esa capilla había una Beata que pese a llevar poco tiempo en esto, tiene pinta de llegar a Santa).

¿Me está mirando a mí? Ese entrenador encorbatado se ha girado para fijarse ¡¿en mí?!. Pero si el campo está abarrotado de seguidores con cara pintada con los colores del equipo, bufandas y atrezzo vario, ¿cómo es posible que me esté mirando a mí que no sé ni cantar el himno?. (En un momento de silencio en la capilla, recurro a un clásico Padrenuestro, me da la sensación que me estoy recogiendo demasiado, hasta el punto que siento que algo “diferente” estoy notando, ¿pues no parece que alguien se está fijando en mí?)

Comienza un frenético diálogo:

LH: ¡Me está señalando con el dedo!! ¡¡El “mister” me está llamando!!

E: Si tú, el de cara de bobo, ven, baja al campo.

LH: ¿Que yo baje al campo?? ¿Para qué?

E: Vístete de corto que vas a salir a jugar. Te necesito.

LH: ¿Que me necesitas a mí?? ¿pero si yo no he jugado nunca a esto?? ¿pero esto cómo va??

E: Tu sal al campo, del resto me encargo yo. En el equipo hay especialistas para cada una de las parcelas que ocupan en el terreno de juego. Tu vas a salir en la defensa. Pero cuando te lo indique, subirás al ataque.

LH: A ver, esto no me puede estar pasando a mí, ¿cómo se me ha ocurrido venir al estadio solo?. ¡¡¿Me estás pidiendo que salga a jugar??!!

E: Hazme caso. Confía en mí.

LH: ¡¡Bendito sea Dios que tanto me quiere!!

Huelga comentaros los paralelismos de esta parte del suceso porque creo que los habéis entendido con el diálogo figurado.

El caso es que sentí como en ese momento Alguien me estaba diciendo: “Ven y verás”.

Recibí una invitación a asistir a “una cena” que se servía todos los días a las siete y media de la mañana y que no era la del día anterior.

Fui. Vi. Y cada vez veo más.

Porque han sido ya más de 700 cenas de esas que se sirven por las mañanas y en las que cada día se me vuelve a ofrecer la posibilidad de seguir creciendo y conociendo un camino que no sabía que existía, que no se por donde discurre pero, gracias a Dios, ya se cual es la meta.

Aquella Beata entrenadora lo tenía todo preparado. Había confeccionado un equipo perfecto para que aprendiese a jugar a algo que pensaba que no era lo mío:

En primer lugar el capitán, que pocos días después tomó el mando de las operaciones espirituales con una dirección de mi interior con resultados inimaginables para mí.

Los compañeros de equipo fueron apareciendo uno a uno para ofrecerse hasta que con el tiempo me sentía con fuerzas y confianza para subir al ataque sin pudor, tal y como me había indicado el entrenador.

Pero la pieza clave del equipo era el portero.

Se trata de un Señor de barba que habla siempre en los silencios, que aún estando en una cruz lo para todo. Una y otra vez mis fallos le hacen trabajar y ahí esté Él parando cada uno de mis pecados para devolvérmelos misericordiosamente empaquetados e iniciar de nuevo la jugada.

Con este equipo es fácil ganar.

Con el tiempo y sin entender nada ni porqué, me dispuse a iniciar esta aventura en el blog y comencé a contar mis experiencias y mi aprendizaje.

Todo ha sido aprender, todo.

He de confesar que por momentos afloraron destellos de vanidad al ver como miles de personas a diario leían estos escritos. Pero Dios, con el paso del tiempo me ha ido enseñando que yo solo era un pretexto para que El pudiera llegar a cada uno de vosotros.

Me ha ido enseñando lo que significa dar gloria a Dios. Reconocer que no tenemos nada por nosotros mismos que todo nos lo pone Él y somos nosotros los que damos uso, unas veces mejor y otras peor, pero siempre gracias a El y para gloria suya.

Y precisamente hoy os quiero anunciar un pequeño descanso en mis publicaciones. Después de todo este tiempo creo que ha llegado el momento de hacer una parada.

Durante julio y agosto dejaré de publicar mis reflexiones diarias. Quiero tomar un tiempo de descanso, sacar lo que sobra en mi interior y dejar más hueco a las cosas de Dios para seguir compartiéndolas contigo tras el verano.

No obstante, durante todo este mes he estado preparando y editando algunas de las entradas publicadas en este tiempo, de las que más me han gustado o las que han sido más leídas, y cada mañana seguirán apareciendo en el blog o en tu correo si estás suscrito.

Seguiré atendiendo los comentarios a las entradas y teniendo en el corazón a todos los que seguís este partido que sigo jugando y de los que sois pieza clave en el equipo.

Antes de la despedida, una referencia al Evangelio de hoy y a la pregunta que nos hace Jesús:

“¿Quién decís que soy yo?”.

Tengo todo el verano para responderla… con mis actos, con mi ejemplo.

Un fuerte abrazo.

Lázaro Hades.

3 comentarios

  1. Felicidades, Enhorabuena y Gracias.

    Y como tú dices: ¡Bendito sea Dios que tanto nos quiere!

    Que disfrutes del merecido descanso junto a los tuyos.

    Un abrazo.

  2. tU ERES EL HIJO UNICO DE DIOS, EL AMADO Y MI PREDILECTO…….EL PADRE ME DICE ..ESCUCHALE……Y EN LA LIBERTAD DE LOS HIJOS DE DIOS HAZ LO QUE TE DIGA……..
    ESPERO VIVIR ESTO AL MOMENTO Y SABIENDO QUE ESTOY EN UN CAMPO …QUE NO SE JUGAR….Y QUE ME PONE PARA QUE SE VEA SU GLORIA!!!!……UNA VIDA APASIONANTE…LLENA DE DOLOR Y GOZO A LA VEZ…COMO LO EXPLICO?

  3. HASTA HOY NO HE TENIDO GANAS DE LEER Y MEDITAR TUS PALABRAS. Buen “fichaje” hizo nuestro SEÑOR, enhorabuena por entrar en nuestro “equipo”. buenas vacaciones HERMANO.

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