TÚ LO CONOCES TODO


¿Me amas más que estos?

Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero.

(Jn 21,15-19)

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Me parece muy cotidiana la conversación que mantuvo Jesús con Pedro y que hoy nos la cuenta a nosotros en el Evangelio.

Es de esas situaciones que hoy se convertirían en cotilleo al llegar a nuestros oídos.

El diálogo entre dos amigos sería más o menos este:

“Oye, me he enterado de una cosa, ¿sabes qué le preguntó Jesús a Pedro?.”  -con esto despertaría el interés de su amigo y continuaría- “Le preguntó que si le quería, y se lo preguntó ¡por 3 veces!!.

Otra vez, ¡Pedro tuvo que responder en tres ocasiones!

Pero lo más fuerte, es que Jesús quería saber si Pedro lo amaba más que los otros.

Al mismo que lo negó 3 veces, ahora que se le aparece resucitado le pregunta que si le quiere ¡más que los demás!…”

El amigo oyente, nervioso, insiste:

“¿Y qué? ¿Qué le respondió? Seguro que le diría que claro, que lo quería más que nadie… lo normal es que Pedro diga una cosa para quedar bien y luego ya se sabe…”

Con esto aparecen los inevitables juicios e interpretaciones cuando solo bastaría con contar lo sucedido…

Pero el caso es que Pedro nos da un lección ejemplar.

Pongámonos en situación.

Este relato, al contrario de los que se nos venían narrando en el Evangelio en estos últimos días de Pascua, no pertenece a la Ultima Cena.

En esta ocasión, no encontramos a orillas del lago Genesaret, cuando Jesús se aparece por tercera vez, en este caso,  a siete de sus discípulos.

Recordemos aquel milagro:

¡Esa noche no pescaron nada! Cuando al amanecer aparece Jesús, no le reconocen hasta que les pide algo para comer. Al decirle que no tienen nada, Él les indica dónde han de lanzar la red.

Han estado bregando toda la noche sin frutos, el lago de Genesaret negaba sus peces a las redes de Pedro.

Ahora el discípulo, obediente, volvió la red al agua y pescaron una gran cantidad de peces.

Esto suena a un milagro de los que se repiten cada día; donde no parece haber nada, Jesús se encarga de proveer. Y hasta nos cuesta admitirlo.

El caso es que en aquella ocasión, ya con sus cestas llenas de pescado, en el desayuno, el Señor le hizo esas tres preguntas a Simón de Juan.

Pedro había afirmado en la Última Cena que, aunque todos abandonaran a Jesús, él no lo abandonaría y luego juró tres veces que no lo conocía.

Ahora, a la pregunta de Jesús “Pedro, ¿me amas más que estos?”, tiene que contestar con mucha más humildad: “Señor, tú sabes que te quiero”. Se cuida mucho de no añadir que “…más que los otros”.

Eso hubiera sido lo más normal en cada uno de nosotros. ¿O no te lo has preguntado? ¿Qué responderías ante la misma cuestión?

Hijo mío, ¿me amas más que el resto? 

Dependiendo de nuestros estado, tenderíamos a dos tipos respuestas para el Señor.

La primera corresponde a esas etapas en las que estamos siempre echándonos “basura” encima, en muchos casos en la búsqueda de una humildad que ha de llegar por otro lado, y en otros dando vueltas sobre nuestro propio sufrimiento sin ni siquiera ver la mano que Dios nos tiende.

Aflorarían expresiones como: “no Señor, no te quiero lo suficiente, no estoy a la altura, no te correspondo…” o también “no Señor, ahora no te quiero, estoy sufriendo mucho, no entiendo cómo me has podido hacer esto, yo no lo merezco… no, Señor, no te puedo decir que te quiero…”

Serían respuestas que Dios no desea escuchar porque Él, que nos amó primero, no espera más de nosotros que admitamos nuestra situación sin dejar de estar a su lado, y Él hará el resto, no nosotros.

La segunda respuesta sería todo lo contrario:

“Señor, ¡claro que te quiero más que nadie!” “¿No lo ves?, estoy todos los días en Misa, me arrodillo con más fuerza que nadie, me teletransporto a tu lado en cada oración… Señor ¡claro que te quiero más que nadie!!”

Pedro, el apostol impulsivo, que quería de veras a Jesús, aunque se había mostrado débil por miedo a la muerte, repara aquí su triple negación con una triple profesión de amor. Jesús le da la oportunidad de rehabilitarse delante de todos: “apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas…”. 

Y él, dándonos una lección de verdadera humildad ante el Señor, dió la mejor respuesta y la mejor lección para cada uno de nosotros cuando nos veamos en situaciones parecidas:

“Señor, tú sabes que te amo… tú lo conoces todo”.

¿Qué más se puede añadir?

.

Lázaro Hades.

 

4 comentarios

  1. Hay veces que me dejas sin palabras,gracias Lázaro.

    Un cariñoso saludo 🙂

  2. Nos amo primero… si nosotros tubiesemos esto en cuenta, si fuesemos los primeros en amar… muchas veces seriamos correspondidos y si no en esta ocasion quizas en otra. Nuestro entorno con la gracia del Espiritu se renovaria. Renueva Señor la faz de la tierra

  3. que fácil es amar cuando te sientes amado ¿pero? y cuando no te sientes amado, aparece la duda. No haría falta la pregunta ¿me amas? Si de vez en cuando la VIDA te diera lo que “tú crees” que necesitas, sería fácil confiar, amar y dar. CADA DÏA ME SIENTO MÄS DEBIL y pido “creo pero aumenta mi fe”. PAZ Y BIEN

  4. Una de las canciones más bonitas de la hna Glenda,que tanto me gusta,dice esta frase de Pedro”Tu lo sabes todo ,tu sabes que te amo”.Es preciosa,como todas las suyas,evangelio puro con una estupenda voz.

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