¿QUÉ HAGO PARA DEFENDER MI FÉ?


“…el que es de la tierra, es de la tierra y habla de la tierra…

El que cree en el Hijo tiene vida eterna.”

(Jn 3,31-36)

Puedes leer el Evangelio del Jueves II de Pascua pulsando AQUÍ

·

Su padre fue asesinado cuando llegó Stalin a la presidencia de la Unión Soviética. Un buen día llegaron unos policías a su casa preguntando por él. Se fue en aquel furgón policial y, sencillamente, nunca volvió. Su madre no pudo soportar la pena y murió a los pocos meses.

Sergei quedaba solo. Era un niño: no llegaba a la edad de diez años. Fue recogido por las autoridades rusas y llevado a un orfanato del Estado. Desde entonces, fue educado en el odio más absoluto a la fue educado en el odio más absoluto a la religión. De Dios solo sabía que era el mayor enemigo del Estado.

Cuando Sergei creció, ingresó en la marina soviética, y, tras algunos semestres de instrucción en San Petersburgo, fue enviado al extremo oriental de la Unión Soviética, a la península de Kamchatka. Allí había una prestigiosa escuela naval y un puerto muy importante, porque de allí salían los acorazados que vigilaban el Pacífico de la amenaza estadounidense.

Durante su período de formación, la policía soviética más temida (la KGB) le pidió que reuniera un grupo de hombres para una misión concreta. Sergei seleccionó una cuadrilla brutal: dos campeones nacionales de boxeo, algunos expertos en artes marciales y otras gentes sin escrúpulos. Sus primeras misiones consistieron en disolver peleas callejeras. Sin contemplaciones. Sin amortiguar un solo golpe. Cuando su grupo actuaba, no quedaba entero un solo hueso.

Pronto les revelaron cuál era su verdadera misión. Aquellas refriegas callejeras habían sido solo un entrenamiento. El objetivo de su represión no iban a ser los borrachos, sino los cristianos. Cuando alguno de sus espías les diera el soplo de una reunión de cristianos, deberían dirigirse allí, abofetear y dar una paliza ejemplar a los creyentes y traer arrestados a los líderes. Durante sus incursiones no siempre supieron contenerse: mataron a varias docenas de personas, y muchos quedaron dañados para siempre. Cumplían su misión. Dios y esa extraña religión eran enemigos del Estado.

Sin embargo, entre otras cosas, un acontecimiento le hizo reflexionar. En una de sus incursiones, había una chica muy bonita entre los creyentes. Sergei lamentó tener que pegarle, pero lo hizo. Puñetazos, patadas… Se preguntaba cómo podría seguir habiendo gente joven entre los cristianos.

Semanas después, en una nueva redada, volvió a encontrar a aquella chica, ya recuperada. Repitió la receta… pero quedó tocado. ¿Cómo podía estar esa muchacha otra vez ahí, después de la paliza ejemplar que había recibido? ¿Por qué ese empeño en mantener sus creencias?

Sencillamente –entendió más tarde– porque es verdad; sencillamente porque aquella chica había comprendido, como lo han comprendido tantos cristianos, que es mejor perder la vida que perder la fe.

Yo lo tengo, seguro, mucho más fácil, pero… ¿qué hago para defender mi fe? 

Cuesta creer.

A los apóstoles les costó mucho creer que Cristo había resucitado. Lo vemos otra vez hoy en el Evangelio. Jesucristo vuelve a aparecerse, y les dice que no tengan miedo, que miren sus manos y sus pies, que vean que no es un fantasma, que le den algo de comer… Lo hace para demostrarles que verdaderamente ha resucitado y aquello no es una visión ni nada parecido. Aún tendrá que aparecerse más veces para que se despierte en aquellos hombres la fe.

Resucitar. Era inconcebible para ellos.

Además, ¿quién iba a creerlo? Bien pensado, es todo absurdo: un grupo de personas que siguen a uno que murió crucificado. La cruz era la muerte reservada para lo peor de la sociedad, para los malhechores más salvajes. Encima, la noticia de la resurrección la dieron las mujeres, cuyo testimonio no valía para los judíos: ¿quién iba a inventar una historia así?

Solo dos razones pueden explicar lo que allí ocurrió: o bien los discípulos inventaron todo o bien todo es verdad.

Pero de ser todo una ocurrencia… ¿habrían creado una historia tan poco creíble (un crucificado, las mujeres, la resurrección…)? Si todo era producto de su imaginación, ¿por qué dieron la vida, por qué murieron por Cristo, y por qué en el siglo xxi sigue habiendo chicas como la de la historia de Asia Bibi, capaces de entregar su vida por amor a Cristo? y si es verdad… ¿no podremos ser nosotros mejores discípulos de Cristo?

Creer es un regalo de Dios. Sin embargo, no es un acto irracional. El sepulcro estaba vacío, y, aunque algunos propalaran que habían robado el cuerpo, los discípulos decían que había resucitado. Además, cambiaron el día del culto, de modo que, aunque eran judíos y toda su vida habían participado del culto el sábado, comenzaron a celebrar el Domingo, en recuerdo de la resurrección del Señor. Después de la resurrección y la Ascensión de Jesús, sus discípulos no volvieron a sus ocupaciones anteriores –algunos eran pescadores, Mateo cobrador de impuestos…–, sino que se dedicaron a predicar, a anunciar al mundo la Buena Nueva de la Salvación que Cristo había traído.

Después de veinte siglos de historia, la disyuntiva no ha cambiado: o todo fue inventado o es verdad que Jesús resucitó… y parece más razonable lo segundo, porque, desde entonces hasta hoy, mucha gente ha sufrido mucho y hasta se han dejando quitar la vida antes que decir así ocurrió.

·

Lázaro Hades

Fuente: Pascua: Vívela con El. Fulgencio Espa. Ediciones Palabra.

5 comentarios

  1. Que sencillo es entenderlo…mejor dicho,que sencillo haces entenderlo.
    Gracias 😀

    Un cariñoso saludo.

  2. Gracias, Gracias por hacerlo sencillo ha mi entender

  3. Me pego a la Cruz y pido que el Espíritu Santo me ilumine día a día.
    Leo la Palabra y me apoyo en mis Hermanos de Fraternidad.
    ¡Bendito sea Dios que tanto nos quiere!

  4. Estoy convencido de que Dios da la fuerza y la gracia para cada momento, por eso no debemos despreciar las pequeñas ocasiones donde debemos dar testimonio de nuestra fe. Hay también verdaderos héroes en ambientes hostiles, aunque no se sufra de forma física una persecución, aunque también es verdad que conociendo a los hermanos perseguidos, donde la vida está en juego uno se da cuenta de lo poco que se le pide.

  5. Cada uno dará testimonio en su ambiente,su trabajo,su familia,sobre todo con actitudes,que pienso yo,convencen más que las palabras.

Anímate a dejar tu comentario. Comparte tu fe!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s