LA NOVENA DEL SILENCIO


“El también él subió, pero en secreto, sin hacerse ver…”

(Juan 7,1-2.10.25-30)

Desde hoy,cuarto viernes de Cuaresma hasta el domingo de Ramos, nos separan 9 días: una novena.

Es un buen momento para una propuesta.

A lo largo de la Cuaresma habrás oído muchas veces hablar de desiertos, con innumerables comparaciones a propósito de situaciones que vivimos y las que vivió Jesús antes de la Pasión.

Cuarenta días de desierto se nos pueden hacer muy largos. A través de este blog hemos simbolizado el tránsito cuaresmal con los pequeños surcos desérticos que quedaban entre las plantaciones moradas de lavanda que nos encaminaban a la Pascua.

Se trataba de caminar aceptando desde un principio nuestras debilidades y por eso, antes que adentrarme en un desierto durante 40 días con pocas posibilidades de éxito, mejor flanquearlo por el color y aroma agradable que me animara a continuar sin desfallecer.

Nunca he pisado un desierto, me he de conformar con algo más doméstico. El verano pasado tuve la posibilidad atravesar durante horas unas preciosas dunas en el sur de España.

La sensación de soledad, el ensordecedor ruido del silencio, el cielo y la arena como únicos acompañantes, pies descalzos hundidos en el suelo que pisas, ninguna persona al alcance de tu vista, un  sol castigador… todo son recuerdos agradables, evocadores y con un sentido más allá de las sensaciones físicas vividas y que hoy fácilmente, cada una de las situaciones descritas me sirven para hacer paralelismos de vida espiritual.

A partir de mañana compartiré algunas de las fotografías de ese desierto doméstico que nos ayudarán a ilustrar las sugerencias para meditar de este fin de semana.

Y la propuesta es esa, procurarnos un mini desierto a la medida de nuestras posibilidades. Un desierto de nueve días. Aquí ya no valen lavandas que nos hagan más agradable el tránsito.

Sin embargo, mi novena no es complicada. Se trata de una novena de silencio. Así de fácil. Un desierto de nueve días en el que nos propongamos solo callar.

Guardar en un cajón nuestro discurso habitual y sacarlo de nuevo, si es necesario, en la semana de Pasión que viviremos junto a Cristo.

De la misma forma que hoy se nos cuenta en el Evangelio. Jesús fue a Galilea en secreto, sin hacerse ver. Así llegaremos nosotros a la semana de Pasión.

Nosotros subiremos, tal y como se muestra en la imagen de hoy, no se podrán borrar fácilmente las huellas que hemos dejado en esta Cuaresma, pero en la cima nos separaremos y nuestro discurso habitual será solo para Dios, caminando a solas con El.

En nuestra novena del silencio, hablaremos solo con El. Serán nueve días en los que evitaremos exteriorizar nuestros problemas, nuestras frustaciones y preocupaciones, nuestras vanidades y egocentrismos, para abrir un diálogo permanente con El.

Es lo mejor que podemos hacer por nuestra alma, por la de los demás:  aprender a estar callados.

Silencio en el autobús, silencio en tu habitación, silencio en general. Tranquilo: no te dará miedo pensar si lo haces dialogando con Dios.

Silencios en los que te esforzarás en hablar con Dios, contándole tus cosas: de camino al trabajo, en el metro, paseando, en el salón de tu casa, donde sea.

Pronto verás qué bien se está en silencio.

Todos los que han amado alguna vez lo saben: se está muy a gusto con la persona que amas sencillamente en silencio. Mirarla. Mirarle. Silencio. Es precioso, ¿verdad?.

Tan solo saber que está ahi, que te acompaña: qué orgulloso se siente uno de mirar y de ser mirado por quien amas.

El silencio comunica muchísimo, porque el silencio es sinónimo de intimidad, y es en la intimidad donde las personas que se quieren se dicen los secretos de su corazón.

Por eso, los silencios que te vas a proponer para el resto de la Cuaresma procura que estén llenos de Dios.

Pequeñas jaculatorias… oraciones que aprendimos de pequeño… consideraciones de amor a Dios y a los demás…, busca expresiones interiores para dedicárselas al que te creó.

Ponle en el centro de tu corazón allá donde estés: en el trabajo, en clase o en casa, en la Iglesia o fuera de ella.

Intimidad. Sin silencio, será difícil.

Descálzate y comienza a caminar.

··

Lázaro Hades

Inspirado en el libro Semana Santa con El, de Fulgencio Espa.

6 comentarios

  1. Benditos silencios en el Señor…que dicen tantas cosas.

    Un cariñoso saludo.

  2. Me gusta mucho esta invitación.Para llenarte de Dios,para meditar es muy importante el silencio;pero también me gusta ese silencio que tú has dicho,no sacar “mis cosas”contínuamente,no quejarnos ,no decir todo lo que hacemos en el día,y el silencio que evita críticas destructivas..en fin que es una buena propuesta.Lo intentaré.gracias.

    • Bueno, ya tengo alguien que me acompaña en la novena. Gracias lalo, “bienvenida” al blog.

  3. ESTO ES LO QUE A MI ME HACE FALTA SILENCIO. GRACIAS LAZARO

  4. Lázaro, hermoso testimonio el suyo de encuentro con Cristo, sus enseñanzas y el “id por los pueblos y predicad…” que trata de vivir, al utilizar este medio para llegar al que quiera escucharlas. Con sencillez pero con profundidad las reflexiones son muy buenas al utilizar situaciones con que nos encontramos todos los días en nuestra vida. Así el Señor podía llegar a todo el pueblo con la sencillez de sus parábolas. Le acompaño en la novena. Bendiciones.

    • Muchas gracias Jorge. Me alegra sepa apreciar la tarea de evangelización a la que todos estamos llamados.
      Gracias por su comentario. Me anima mucho para continuar dando gloria a Dios por este medio.
      Un abrazo!

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