EL QUE SIRVE EL TÉ


“Si permanecéis fieles a mi palabra, seréis en verdad discípulos míos” (Juan 8, 31-42)

·

Aquel ejecutivo llegó a Japón para cerrar  unos asuntos muy importantes de su empresa.

Tenía poco tiempo, pero las gestiones fueron muy fluidas y finalmente tuvo algo de tiempo libre.

Había oído que en aquella ciudad japonesa había un sabio oriental que era capaz de dar consejos muy sabios.

Desde hacía tiempo, este ejecutivo se veía comido por los problemas: problemas laborales, problemas personales e incluso problemas deportivos,  porque se había lesionado y no podía practicar su deporte favorito.

Como disponía de tiempo libre, se dirigió donde vivía aquel curandero con intención de poner un poco de orden en su vida y para que le diera consejos concretos sobre cómo solucionar sus problemas laborales y personales.

Llegó al lugar citado, y ambos se sentaron en el suelo al modo japonés, con una mesita baja delante.

El ejecutivo europeo empezó a hablar sin parar, exponiendo sus problemas: que si esto, que si lo otro, que si lo de más allá.

El sabio le miraba con sus ojos rasgados y, al pasar minutos y ver que el visitante no callaba, comenzó a servir té en una taza.

Sin embargo, no paró de echar té cuando este llegó a cubrir el recipiente.

El japonés siguió echando, al tiempo que aquello empezó a derramar, manchando el pantalón del ejecutivo español, que gritó: <<¡¡¡pare ya, que la taza rebosa!!!>>.

Entonces, el sabio le dijo:

<<Eso le digo yo a usted. Pare ya, que su conciencia y su corazón rebosan. Demasiadas cosas. Solo cuando se serene algo y se vacíe un poco de sí mismo, podrá encontrar solución a sus problemas>>

Dicho esto, aquel buen hombre se fue y dejó a nuestro protagonista pensativo con dos últimas consideraciones:

<<Estás lleno de preocupación porque no amas como debes. Te fastidia todo. Y el enemigo hace lo que puede para que tu mal genio salga a relucir>>.

<<Comprendo que estés muy humillado, y precisamente por eso has de reaccionar con eficacia y sin demora>>. [1]

El Evangelio del día de hoy, (léelo aquí) es difícil de entender. Es de esos días que lo lees y te cuesta ver qué te está diciendo Dios. Esto va a ocurrir en las próximas lecturas hasta Semana Santa. El evangelista Juan utiliza un lenguaje y un mensaje, a veces, demasiado denso. A mi me costó engancharme la primera vez que oí un ciclo de escritos suyos.

Llegué hasta quejarme de su forma de expresarse.

¡¡Pero qué tontos somos algunas veces!!.

En lugar de pedir a Dios que me ayudara a entender qué me estaba diciendo, la tomé con el pobre Juan.

La culpa no es de quien está sirviendo el te. El problema, cuando la taza rebosa, es que nos distraemos tanto mirándonos a nosotros mismos que nos olvidamos de dirigirnos a quien debemos hacerlo, que no es otro que a Dios, para que nos ayude a digerir todas las tazas que El disponga servir.

Nos revolcamos en nuestras propias consideraciones, en nuestros deseos, en nuestras miserias, en nuestras vanidades… tanto, que mientras decimos estar mirando a Dios, no nos damos cuenta que nos estamos mirando cada vez más a nosotros mismos.

Y si hay alguien por medio, aprovechamos para que ese sea el culpable de nuestros desatinos.

La personas somos de esa condición, hay que aceptarlo cuanto antes para combatir esa debilidad.

Confiemos en Dios y desconfiemos de nosotros.

¿Te has parado a pensar qué significa, de verdad, lo que estamos diciendo cuando termina la plegaria eucarística de la Misa?:

“Por Cristo, con El y en El, a ti, Dios Padre Omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria, por los siglos de los siglos, amén”.

Para ti, Dios Padre, todo honor y toda gloria. Para poderle ofrecer todo eso, contamos con Cristo, estamos en Cristo y unidos al Espíritu Santo… ¿necesitamos más ayuda?

De pequeño, me enseñaron que “Amén” significa “así sea”. Pues eso, que así sea.

·

Lázaro Hades.

[1] San Josemaría Escrivá, Forja, 392.

5 comentarios

  1. Querido Lázaro gracias, nuevamente, por tus reflexiones. Hoy me has ayudado a entender un poquito más el Evangelio de esta mañana.
    Tu reflexión final me ha terminado de dar el soplo de esperanza que hoy necesitaba.
    No quisiera irme sin dejar de enviarte un dibujo de Buigle que ayer me hizo reflexionar:
    http://www.buigle.net/detalle_modulo.php?sec=10&fecha=20120321
    Un Abrazo.

  2. ¡¡Como nos pones las pilas!!

    Gracias Lázaro y un cariñoso saludo.

  3. COMO SIEMNPRE ESTUPENDO…GRACIAS LAZARO.

  4. Ufff. La ceremonia del te japonés, es un ritual que me encanta. La serenidad, la elegancia, el cuidado , el amor,… no te digo nada si encima se prepara, para dar una lección como la que nos narras.

    Me gustaría detenerme en una parte de la pregunta que planteas al final: “¿Te has parado a pensar qué significa, de verdad, lo que estamos diciendo….?” es uno de los interrogantes que abro frecuentemente en mi vida de fe. Nuestra fe no puede limitarse a pronunciar “cosas”; nuestra fe es vida y¿ que vida es la que no late?…

    “y os daré un corazón nuevo,
    y os infundiré un espíritu nuevo;
    arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra,
    y os daré un corazón de carne”
    .

    Un fuerte abrazo

    • Gracias Angel, un abrazo.

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