¿PORQUÉ DIOS NO ME HACE CASO?


Iniciamos una semana en la que abordaremos el porqué de cosas que ocurren y no entendemos.

Y hoy hablamos de boxeo. La verdad es que no soy un experto en el tema pero ví la saga completa de las películas de Rocky Balboa por lo que al menos, de oídas, puedo usar esos paralelismos que tanto me gustan para explicar asuntos, en este caso, de padres e hijos.

Pues señoras y señores, tenemos en juego el campeonato doméstico de los pesos medios.

Los púgiles: a un lado, el padre cuarentón (que lo admitieron por los pelos en lo de “pesos medios”), al otro, una hija adolescente irrumpiendo con fuerza en la dictadura del hogar.

El título:El porqué de Dios…” .

El ring: el salón de tu casa un domingo por la tarde.

Espectadores: la madre y esposa expectante y la hija pequeña que idolatra al padre. Parece que la totalidad de los espectadores va con el cuarentón y actual campeón, lo que hace salir con más rabia al aspirante.

El árbitro: ¿el árbitro?… bueno, me imagino que el árbitro es Dios.

En fin, comienza el combate…

El aspirante entra con fuerza al ring y va directo a su adversario con un golpe directo a la mente del campeón, que le obliga a levantar su mirada del periódico repentinamente:

Vamos a ver, -espeta la adolestecente- si yo le dije a Dios que si aprobaba esa asignatura le rezaría un rosario, y no me la ha aprobado, ¿Porqué he suspendido?. ¡Pues ahora no se lo rezo!

El campeón, se protege como puede:

Pero, ¿qué nota media tenías?.

Un cuatro. Por ese le pedí al Señor que me aprobase…

Pero es que Dios es justo, y no puede hacer que te aprueben con un 4 si el aprobado está en un 5.

Parece que el campeón tira de escuela para atajar la acometida…

El aspirante cede y busca otro golpe maestro, en este caso con más precaución.

Pues una vez le pedí sacar buena nota porque me había preparado muy bien el examen, saqué un notable y le recé agrecediéndoselo…  

Parece que el aspirante cede en su acometida inicial…

Pero es que yo voy a Misa todos los domingos, y rezo de vez en cuando, Dios lo deberá tener en cuenta…

Si, pero Dios no nos debe nada a nosotros, somos nosotros los que le debemos a El. Será mejor que te plantees que es mejor no medirte con El, que como os tengáis en cuenta las cosas el uno al otro, tú vas a salir perdiendo. Es que Dios se dedica solo a ser Dios, pero tú tienes muchas cosas en las que pensar: tus amigas, el deporte, los estudios… y Dios.  Seguro que tú te vas a distraer más y sales perdiendo en la comparación... no le tengas en cuenta nada.

Tras este intercambio de golpes, termina el primer asalto, ambos púgiles vuelven a su rincón.  El padre se retrepa en el sillón, el periódico sigue en la misma página. La adolescente aprovecha para enviar un Whatsapp a su amiga…

En las pelis de Rocky, entre asalto y asalto, hay una señorita que se pasea por el cuadrilátero con el número del próximo round. Aquí  queda representada cuando la hija de 6 años pelotea con su padre diciendo: Papá pues yo rezo todos los días y solo le digo a Jesús que lo quiero mucho… (¡bendita candidez infantil…!)

Tras oír el comentario de la menor hace que vuelva el aspirante a la pelea.

“¡Esta semana le he pedido 4 cosas y no me las ha dado! ¿Cuándo piensa hacerlo?”

Aquí el padre, que escribe en un blog católico, recurre a frases trabajadas, “Oye, que a Dios no se le pide a la carta“.

Tu que crees que esto es como llegar al Burger y pedir: A ver Dios, que quiero una doble de queso, otra big grande sin pepinillos, una de patatas y una cola con hielo…

No, tu le pides que te dé de comer, y El ya te alimentará como crea conveniente. Eso sí, si vas con hambre al Señor, te alimentará hasta saciarte. Pero el pedido lo hace El… si hace falta, igual te lo da sin pepinillos, pero la burger la pone cuando y como le parece bien a El.

Además, también decías el otro día que porqué Dios permite que se mofen de tu amiga, cuando en tu grupo se burlaron de aquella otra. Y ta te conté que Dios nos hizo libres, trata de indicarnos el camino correcto, pero solo te diste cuenta, cuando sufriste a las pesadas de 3º, que tú no debías hacer lo mismo con las de 1º. Es decir, que las personas a veces somos las que nos encargamos de estropear lo que Dios hace por nosotros…

El combate se va poniendo bien para el actual campeón, pero el aspirante no deja de golpear con una y otra pregunta hasta que esto parece terminar a los puntos… Por momentos, la madre piensa en tirar la toalla y parar la contienda. En este caso, agarra el mando para conectar la tele y distraer a los púgiles si la cosa se pone fea…

Solo una ocurrencia del padre hace que esto apunte a un empate:

¿Sabes porqué Dios no te hace caso? Porque tu le pides y quieres cobrar al contado. Lo que pasa es que Dios no siempre tiene a mano efectivo para pagarte, a veces depende de otros para conseguir lo que tú buscas y es difícil quedar bien con todos, entonces lo que hace, es darte una entrega a cuenta. Te da un poquito y si aguantas, te pagará el resto, pero a lo mejor dentro de algunos años. 

La moneda con la que Dios se maneja es diferente a la nuestra. Y a veces, hasta que no tenemos oportunidad de cambiarla creemos que no tenemos nada de valor hasta que no le ponemos cifras. 

En el Youcat, el catecismo para jóvenes que te regalé, dice que: Dios busca muchas maneras de establecer contacto con nosotros. En cada encuentro humano, en cada experiencia conmovedora de la naturaleza, en cada aparente casualidad, en cada reto, en cada dolor. De manera más clara aún nos habla cuando se dirige a nosotros en su Palabra o en la voz de la consciencia. Nos habla como a amigos. Por ello debemos responderle también como amigos y creer en El, creer totalmente en El, aprender a comprenderle cada vez mejor y a aceptar sin reservas su voluntad.

A veces, Dios necesita crédito, paga a plazos. Pero paga.

Mientras la adolescente cada vez espacia más sus reiteradas y habituales frases hechas de protesta, el combate parece terminar en tablas, lo que es un éxito para el padre que si Dios quiere, hasta el próximo domingo no se verá obligado a subir de nuevo al ring…

Lázaro Hades.

8 comentarios

  1. Bueno dejaremos los deportes a un lado por que no ha sido un buen finde…Vamos a prepararnos los examenes para sobresaliente(y lo digo por todos) si queremos optar a un aprobado por que lo facil despues es echarle las culpas de todo lo malo que nos pasa al MAESTRO .Un beso.

  2. Me suena mucho el cuadro,por no decir que es idéntico,en este caso es la madre la que se pone a combatir,pero no sólo en estos temas,sino en todos los que los adolescentes o preadolescentes-en mi caso-te plantean.!Qué cosa más difícil! Y además vienen sin instrucciones.Todos los días le pido a Dios que sepa estar a la altura.

    • Me acordaba de ti cuando lo estaba escribiendo. Por tus comentarios ya me imaginaba que tu sabías como es esto de las películas de Rocky en la vida real.
      Pues nada a ponerse los guantes y que Dios nos ayude a combatir.
      Un abrazo!

  3. He disfrutado con la entrada, y como bien dices,que Dios nos ayude a combatir.
    Yo tambien tengo un preadolescente en casa 😀

    Un cariñoso saludo.

  4. Desde mi modesta opinion yo creo que esto se arregla como todo, hablandoles claro desde que son pequeñitos, enseñándoles a rezar juntando las manitas e invocando el Santo Nombre de Jesús no solo para pedir sino también para darle gracias, y si es para pedir, explicando que si Dios no nos da lo pedido no hay que apurarse, es que Él sabe más y sabe lo que nos conviene. Hablandoles del Amor de Dios, que va más allá de ser un remedio para todos los males que nos aquejan,Hablandoles de lo que es la resignación y el abandono a la voluntad de Dios… desde pequeñitos ya digo…
    Un saludo.

    • Muchas gracias. Muy interesante tu aportación.

  5. Tengo tres hijos y siempre les he explicado que Dios premia el esfuerzo y la constancia. Que si Dios te da dos talentos le tienes que devolver cuatro. Pero que díficil es explicar cuando tu te esfuerzas y surge una fuerza mayor que interrumpe tu vida y todos tus proyectos y piensas, o tus hijos piensan, que han intentado hacer lo mejor. Y tu hijo con ventidos años te pregunta ¿Porqué a mí? A ti se te parte el alma y tienes que decir. HAGASE TU VOLUNTAD Y NO LA MIA. Todo esto sin entender

  6. Una vez más tengo que confesar mi asombro por la paciencia de Dios

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