CONCORDIA A TODA COSTA


En estos días asistimos a un desgraciado revival del hundimiento del Titanic. Una tragedia, ahora en color, transmitida por capítulos en los noticieros con espectadores que asisten ávidos de información compartiendo a la par dosis de incredulidad, pesar y morbo.

Detrás del espectáculo mediático de una catástrofe de estas características conviene detenerse en dolor de las familias que sufren por la muerte de sus allegados. Es la cara b de la tragedia, ensombrecida por titulares e imágenes impactantes.
¿Porque Dios permite esto? ¿Porqué esas personas que disfrutaban de su ocio han encontrado este fatal desenlace para sus vidas?. Estas preguntas se repiten cuando suceden estos inexplicables acontecimientos.

El Capitan del barco, un tal Schettino (en español se pude leer “Es cretino“) me va a obligar hoy a desviarme levemente de mi habitual línea políticamente correcta.

Pero no, no voy a juzgar, libremente Dios, y si lo hago sin darme cuenta, pido disculpas por adelantado. Solo voy a usar de referencia a este desgraciado hombre para explicar un pensamiento, quizá demasiado simple, pero al menos a mí me sirve para escenificar mi explicación a determinados sucesos que tienen que ver con nuestra fe.

Y es que parece que Dios nos ha embarcado a todos en un crucero a lo largo de la historia en la que los hombres somos el principal protagonista. Si hacemos paralelismos con esta tragedia marítima, si los hombres somos los pasajeros, podríamos decir que Dios es el mar, y el barco es la historia de la humanidad.

Efectivamente, la historia de esta humanidad comenzó con un barco de protagonista. Noe se tuvo que encargar de zarpar un arca llena, en este caso, de un turista de cada especie. Otro papel importante lo tuvo Abraham iniciando una generación determinante partiendo de la dificultad de un matrimonio estéril con fe ciega en Dios, actitud igualmente necesaria para que el barco continuara a flote. Finalmente, Moisés perpetuó el tránsito a una tierra prometida en la que todos viajamos a lo largo de nuestras vidas.

Total, subirse a un barco, mantener una relación con Dios puesta en manos de los hombres parando en diferentes puertos hasta llegar a la tierra prometida: como un crucero.

Pues de ahí ha salido mi explicación al origen de una tragedia como la que vivimos estos días: de la intervención de la mano del hombre en el viaje de Dios.

Hay una idea que repito últimamente, y es que, en esta etapa de mi vida, mantengo un idílico e imperfecto diálogo con Dios. Y añado imperfecto porque uno de los dos que habla soy yo.

Y es que por mucho que Dios se empeñe somos nosotros los primeros que, cual capitán asustado ante la más mínima dificultad, nos arrojamos al mar y abandonamos el barco.

Por mucho que Dios quiera que los cruceristas, los de la costa italiana y los de esta vida, disfruten de su tránsito, si el hombre se empeña en arriesgarse en pasar ante rocas peligrosas lo más probable es que se acabe resquebrajando el barco.

En nuestra comparación, Dios era el mar, pero el barco, la historia, la mueven las personas. Y si el capitán, el hombre, es el primero que se rinde, a ver cómo vamos a dejar que el mar pueda hacer navegar solo un barco dirigido por las imperfecciones de las personas.

Este señor hoy me dio la clave, me ha hecho ver que tragedias de este tipo se evitarían con menos intervencionismo humano, pero Dios no puede estar en todo. Sino que se lo pregunten a Adán y Eva…

Que Dios acoja en su gloria a todos los fallecidos y que a nosotros nos llene de CONCORDIA a toda COSTA.

Lázaro Hades.

4 comentarios

  1. Muy interesante tu entrada,sin duda para reflexionar.

    Un cariñoso saludo.

  2. Bueno el repaso a la historia de la humanidad y que bien llevado a la nuestra propia .Seguro que muchos y yo el primero,nos vemos identificados con ellos.Vamos todos a sujetarnos bien a la proa del barco que el Capitan que lo lleva no nos abandona jamas ,aunque saltemos al agua a la minima duficultad,nos vueve a tirar el salvavidas y
    nos conforta con su amor infinito.

  3. pUES SI, ASI ES…..Creo que Dios nos deja muchas veces el timón…siempre que queramos cogerlo ahí lo tenemos y agarrada a la Gracia me he metido intrepidamente en sitios que he visto su magnanimidad….la parresia es la valentia que en el Espiritu tenemos y sin despegarnos de él, con humildad….bogamos mar adentro!!!
    Me uno a tus oraciones por los fallecidos……en este accidente en el mar.

  4. Una muestra de que siempre se puede sacar bien del mal, es el post que escribes.

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