ORAR CON SENCILLEZ


Soy de los que piensan que para hablar con Dios no es necesario hacerlo con palabras muy rebuscadas y decimonónicas.

Tampoco creo que para dirigirme a mi padre he de utilizar el plural “Vos”.  El Beato Juan Pablo II decía que a la oración es una conversación. Una conversación en la que siempre hay un “yo” y un “tú”. En este caso un Tú con la T mayúscula.

Santa Teresa de Jesús afirmaba que la oración es tratar de cosas de amistad con aquel que sabemos que nos ama.

Efectivamente, se trata de un diálogo. Una conversación imperfecta porque uno de los dos que habla soy yo, pero no cabe duda que Dios ya se encarga de ir moldeándola.

Aunque la oración es algo muy serio, no banal, algo que no se presta a bromas, entiendo que habría que desterrar la idea de adoptar una postura solemne, mística o casi divina para orar. Se trata de hablar a Dios como un hijo, de llamar al Señor por su nombre: Jesús, con la confianza de un amigo.

Puede ocurrir que de tanto elevarnos en la oración se nos vaya “el Santo al cielo” (nunca mejor dicho) y nos quedemos recitando unas palabras vacías de contenido. Por eso las oraciones deberían ser “dichas” y no recitadas.

A mi me cuesta mucho trabajo memorizarlas por eso mismo, por tratar de entenderlas, de razonarlas en exceso. Eso es bueno por que sé lo que le estoy diciendo, pero la verdad es que cuando se me olvida el papelito donde están escritas, he de improvisar y entonces  resultan algo más aturrulladas, pero no por ello son menos sentidas, incluso me salen unas expresiones que cuando me oigo me asombro de lo que ha salido de mi pensamiento. ¡Como si yo tuviera algo que ver!. Es entonces cuando a uno no le cabe más que pensar que eso lo ha tenido que engendrar el Espíritu Santo porque a mi solo no me sale…

No siempre las oraciones han de ser peticiones. La gente de fe suele estar predispuesta siempre a pedir: Necesito…Pido…Deseo…, pero apenas abriga siquiera la idea de corresponder con: ¡Te doy las gracias, Señor!...

Conozco a mucha gente que cree pero no lo admite, que cree pero no practica, pero que cree que Dios siempre le escucha. Y es cierto, Dios tiene una paciencia… Sobre todo con aquellos que dicen “le voy a encender dos velas a San…” y luego al poco tiempo los ves y te dicen “oye, pues aquello que pedí, va por buen camino…” Pero se olvidan que hay que volver adonde las velas para dar las gracias por el favor recibido, incluso hay que reiterar la visita para dar solo gracias, sin pedir nada…

En el cielo cuentan que también hay de esos programas del corazón tan famosos en televisión. Allí los llaman programas del corazón de Jesús. En uno de ellos se comentaba este cotilleo:   Dos ángeles volaron del cielo a la tierra, llevando cada uno un hermoso cesto para recoger los recados de los que estaban orando. Dondequiera que alguien se arrodillaba, allí se presentaban los dos mensajeros celestiales. En escuelas, iglesias, fraternidades, retiros espirituales… Muy pronto se llenó uno de los cestos: el que recogía las peticiones. Te pido Señor…Deseo que me concedas…, mientras que el otro, el de las acciones de gracias, estaba casi vacío. “Oh, tu cesto parece ligero!”, dijo el primer angelito al segundo. “El mío ya pesa mucho”, dijo el otro ángel intentando soportar el elevado peso del cesto de las peticiones.

Los pobres angelitos llegaron a una conclusión que es fácil de observar en nuestro día a día. Y se dijeron entre si: “Está visto, que aquí en la tierra, el egoísmo abunda, pero la gratitud escasea…

Para terminar, y como ejemplo de sencillez, quiero dejarte hoy una oración muy especial recogida de un hospital infantil.

Se trata de LA ORACIÓN DEL PAYASO.

Señor:

Soy un trasto, pero te quiero.

Te quiero terriblemente, locamente, que es la única manera que tengo yo de amar porque, ¡soy un payaso!

Ya hace años que salí de tus manos, pronto, quizá llegará el día en que volveré a Ti...

Mi alforja está vacía, mis flores mustias y descoloridas, solo mi corazón está intacto…

Me espanta mi pobreza, pero me consuela tu ternura.

Estoy ante Ti como un cantarillo roto, pero, con mi mismo barro puedes hacer otro a tu gusto…

Señor:

¿Qué te diré cuando me pidas cuentas?

Te diré que mi vida, humanamente, ha sido un fallo, que he volado muy bajo.

Señor:

Acepta la ofrenda de este atardecer…

Mi vida, como una flauta, está llena de agujeros…, pero tómala en tus manos divinas.

Que la música pase a través de mí y que llegue hasta mis hermanos, los hombres,

que sea para ellos ritmo y melodía que acompañe su caminar, alegría sencilla de tus pasos cansados…

Lázaro Hades

Inspirado en textos del libro Teología del humor, de Jesús Azcárate Fajarnés. Cobel ediciones.

9 comentarios

  1. Muy buena reflexión.
    Un cariñoso saludo .

  2. No podría dirigirme sin la confianza de un hijo. Dios ha hecho hasta lo impensable para acercarse a nosotros. ¡El día que nos muestre lo que significa haberse hecho hombre por amor!…. no nos moriremos, porque estaremos ya con con Él, si sólo lo vislumbráramos un poquito, no actuaríamos como lo hacemos. Somos nosotros los que mantenemos a veces la distancia. Me encanta la oración del payaso.
    Un abrazo

  3. Me ha gustado mucho.En ocasiones es muy bueno acudir a oraciones ya escritas,identificándote con lo que dice y haciéndolas tuyas,porque a veces nuestros recursos son pocos,otras veces ,incluso ,no hay que decir nada.A mí me gusta decirle al señor,aquí estoy contigo ,tu sabes lo que necesito….El otro día mi hija pequeña se aburría en misa y me dijo que ella no entendía ,y yo le dije ,pues dile a Jesús que no entiendes ,pero que estás aquí con Él un ratito porque lo quieres…otra manera de rezar..digo yo.

    • Gracias. Me gusta mucho ese consejo.

  4. La vida misma debe ser una oración. La oración es tan amplia; aveces las ya conocidas,los himnos,las escritas son de gran ayuda. Pero constantemente debemos estar en comunicación con Dios, al igual que lo estamos con nuestros seres cercanos.Me gusto mucho tu reflexión.

  5. Oye Lázaro me traes a la memoria mis oraciones de chica…mi madre sonreia siempre al oirme y me decia: Que gracia tienes…..porque le pedia cosas, algunas disparatadas…y le daba antes de que me las diera las gracias……ser agradecido es signo de infancia espiritual…..y gracias a Dios le doy gracias ahora de dolores que no acabo de entender! pero sé que de ellos saca siempre cosas nuevas y sorprendentes! Doy las gracias ultimamente por mis debilidades sabes? porque sé que El está en ellas actuando fijo! y me llenan de consuelo los resultados. Su Paciencia conmigo es mi salvacion diaria….me quiere como un loco!…y siempre me hace muy feliz.un abrazo

    • Dar gracias por las debilidades… me gusta ese pensamiento. Gracias. Tus reflexiones son muy interesantes.

  6. Buenisima tu reflexion pero que te digo de la oracion….me ha tocado muy adentro.Tan sencilla pero tan cierta y profunda .Gracias la necesitaba .

    • Gracias Mario, me alegro que te haya gustado.

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