PROPÓSITOS: RECONOCER NUESTROS ERRORES


Siguiendo en esta primera semana del año con algunos propósitos que ayudarán a crecer como cristianos abordamos hoy una propuesta a la que me sumo de inmediato: RECONOCER MIS ERRORES.

En mi opinión cualquiera de los propósitos de los que hablo estos días, tibieza, alegría o el de hoy, son actitudes que hay que hacer con dolor. Y no me refiero a dolor físico, hay que reconocer que cambiar una actitud encallada en el alma siempre, siempre, va a generar un dolor incalificable en nuestro interior, pero si duele es que estamos haciendo lo correcto, estamos cambiando.

Imagínate si dolió al hijo pródigo reconocer su error y volver a casa. ¿Cuánto tardaría yo en hacer lo mismo?

Después de leer esta entrada, te recomiendo que leas el vídeo que te dejo al final. Es una versión moderna y la que más me ha gustado de todas las que he visto a propósito de esta parábola. Son 7 minutos, pero tómate tu tiempo y verás como al final, tras lo leído y lo visto, algo quedará para que  puedas rumiar en tu interior.

El hijo pródigo fue aquel que pidió a su padre su herencia en vida y malgastó toda su fortuna haciendo lo contrario en lo que fue educado, sólo reaccionó, solo volvió en sí cuando reflexionó sobre su situación.

Bien es verdad que fue el hambre, la vergüenza y la lamentable situación en la que se encontraba, lo que le llevó al arrepentimiento y al deseo de volver a su padre, pero es también muy cierto que no buscó excusarse, no reaccionó con la soberbia del desaprensivo que piensa que su situación es culpa del otro y no de uno mismo.

No fue a su padre a pedir derechos de hijo sino a pedir un lugar donde comer y donde dormir con dignidad siendo tratado como un jornalero más.

El hijo pródigo fue un desastre pero fue humilde. Supo que su vida la convirtió en un estercolero humano, pero tuvo la honradez de no excusarse, de llamar a las cosas por su nombre. Por eso su padre pudo pronto perdonarle.

La gran generosidad y amor del padre pudo con la canallada del hijo cuando esta fue reconocida y hubo deseos de enmienda.

Al hijo, lo que le salvó fue su humildad; reconocer su error, que fue pronto inundado por el amor del padre.

Tú y yo, posiblemente, no pensemos que estamos como el hijo pródigo, pero en verdad, muchas veces estamos mucho peor, porque es ese empeño en no reconocer nuestros errores, nuestras miserias y nuestros pecados lo que nos conduce a flirtear con la tibieza.

Evitaremos el alejamiento de Dios si hacemos propósito de reconocer nuestros errores, de hacer un examen continuo y sincero de nuestra vida en relación con Cristo, pero hemos de hacerlo con consciencia para que sea eficaz.

Ante el más mínimo alejamiento que nos separe de ese Dios que se desvela por nosotros, hemos de reconocer inmediatamente nuestro error, cual hijo pródigo, para volver de inmediato a su casa. Respondiendo con humildad y generosidad, el alma se volverá a llenar de paz. Y esta sensación la tendremos aplicando estos criterios desde abajo, en nuestra relación con nuestros hermanos, con todos los que nos rodean. ¿O es que no has sentido esa paz cuando has reconocido un error?

El principal ingrediente para reconocer un error es la humildad. Con humildad nos vamos a convencer que cuando pensemos que tenemos toda la razón es que no tenemos razón ninguna.

Lázaro Hades

 

5 comentarios

  1. Guauuuu. Tengo que confesar la verdad. Me he pegado una panzá de llorar con el vídeo. ¡Precioso! y con tu permiso un día lo compartiré también en mi blog. Basta verse en él para entender. Tenía pensado otro comentario antes de verlo, pero como aconsejabas visionarlo, te he hecho caso, y vaya si ha tocado… Un fuerte abrazo
    A ver si te animas y te apuntas ha hacer el camino a Santiago conmigo en agosto…

    • Vaya! Menudo propósito para el mes de agosto! Nunca lo he hecho. Aunque he visitado Santiago mucho y bien, nunca llegué allí por “el camino”. Ya te pediré más información, gracias por proponérmelo.
      En cuanto al video me alegra sorprenderte en algo multimedia, pero lo que más me reconforta es comprobar que coincides en que había que ver y oír antes de reflexionar…
      Y en lo que respecta a eso que dices del permiso para compartir el video, qué me vas a pedir tú a mi que en compartes más de lo que tienes e incluso más de lo que crees que ofreces.
      Abrazos!

  2. Jo,llorando estoy,toda emocionada,precioso post y video…

    No tengo mas que añadir,gracias y un cariñoso saludo.

  3. Falta un personaje en esta parábola del padre Bueno,el hijo mayor.A veces me he identificado con él,no me gusta pero he de confesarlo.Siempre con su padre,disfrutando de todo lo de su padre,teniendo todo a su disposición,y sin embargo,no lo valoraba,aparecía en él como tu bien has dicho “la tibieza” (!tan peligrosa!)

  4. fantastica Palabra esta….me he encontrado en este Hijo…y con el perdon de mi padre……..es la experiencia mas extraordinaria que he tenido…..lloraba mucho y mi padre todo asustado me abrazabapues no habia nada en ese momento que diera sentido a mi perdón-no olvidaré nunca sus palabras: ” Pero hija que te pasa?como que te perdone…si eres perfecta!”…solo Dios pudo decir eso en labios de mi padre verdad?…asi lo pienso yo……….

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