PULGARCITO, EL INOCENTE.


Hoy día 28 de diciembre la Iglesia católica recuerda a aquellos niños inocentes que Herodes mandó asesinar para dar rienda suelta a su ira  tras creerse engañado por los magos de Oriente que iban a visitar al Mesías que había nacido en Belén.

Inocente además de ser una persona que carece de culpa como estos niños, también define a los que son simples, fácil de engañar y están faltos de malicia.

A lo mejor por eso, me acordé esta mañana de PULGARCITO.

Pulgarcito es el protagonista de un cuento que narra la historia de un niño que nació tan pequeño como un pulgar. Pulgarcito era el menor de los 7 hijos de un leñador y una leñadora, tan pobres que se vieron obligados a abandonar a sus hijos en el bosque. Llegado el momento, Pulgarcito, que había oído el plan de sus padres, fue dejando caer piedras blancas por el camino y así, él y sus hermanos, pudieron volver a su casa justo cuando un golpe de suerte había mejorado la economía de sus padres. Esta racha de buena suerte duró poco y los padres de Pulgarcito se vieron obligados a abandonar una vez más a sus hijos. Esta vez Pulgarcito fue arrojando migas de pan en lugar de piedras pero los pájaros se las comieron y no fue capaz de encontrar el camino, así que se vieron obligados a dar vueltas por el bosque (…) (para leer el cuento completo pulsa aquí)

No me hace falta exponer el cuento completo porque solo en estas líneas podemos ver muchas comparaciones entre el cuento de Pulgarcito y el cuento de nuestra vida. ¿O es que nosotros no somos tan pequeños como un pulgar ante Dios? En ocasiones nos creemos como dioses, dueños de nuestra existencia, y nos damos cuenta pronto y casi siempre con desgraciados acontecimientos que “no somos nadie”.

Pero lo más importante de este cuento es la forma en que protagonista se las ingenia para volver a casa. En nuestro caso, el camino no es de vuelta, es de ida. Marchamos hacia delante en nuestras vidas y Dios nos ha marcado el camino con piedras. Lo que pasa es que las piedras que nos vamos encontrando son de distinto tamaño y forma. Sin embrago, algunos pasan de las piedras de Dios, optan por no escoger su camino y deciden que sea de “migas de pan”, pero esas, como en el cuento se las comen los pájaros. Pájaros que muchas veces habitan en nuestra cabeza.

Caminado por el trazado de Cristo, en unas ocasiones nos encontraremos piedrecitas llanas, anchas y bien colocadas que nos permitirán ir saltando por ellas gozando, conscientes que eso es gracias a Dios, o disfrutando también ajenos a quién nos puso el camino tan fácil. En este caso, más adelante puede que echemos en falta algo.

camino de piedras

Pero, ojo, van a ser muchas las piedras, que también Dios quiere que estén en el camino y que hemos de ser conscientes de ellas. Comparto hoy el caso de dos amigos, pero cuántos de vosotros sabéis de experiencias con piedras en vosotros o en vuestro entorno.

Mis dos amigos, caminando en Cristo, se encontraron piedras enormes, aparentemente infranqueables y que impedían continuar el camino, que es lo primero que tendemos a pensar.

El primero, que era sumamente ordenado y calculador, que dejaba alineado todo el camino de piedras que dejaba tras su paso, se encuentra un día con una enfermedad que lo descoloca, que le rompe sus planes. Se trata de una enfermedad que no sabe ni él, ni siquiera los médicos como abordarla. Algunos en este caso, se pondrían a picar en esa piedra del camino golpeándola fuertemente con sus frustraciones sus miedos, rabia y desprecios y porqués a Dios.

Mi amigo decidió serenarse. Descubrió que no siempre había que dejar las piedras alineadas y que en esta ocasión y partir de ahora no iba a ser así, pues se dio cuenta que lo importante no era el camino, sino el fin. Y decidió que para continuar el camino, había que bordear esa piedra, continuar el camino y dejarla ahí, hasta que Dios quisiera que se desintegrara. Dios tiene una buena agenda y no lo olvidó. Mi amigo continuó abordando nuevas piedras y bordeando las que se le venían encima…

El segundo caso es de otra amiga cuya piedra es también grande. Se trata de abordar una difícil situación complicada en su matrimonio. En trámites de separación, el exceso de trabajo acaparando todas las ideas, los niños (inocentes) que son los grandes damnificados, todos se sienten culpables… enormes piedras estas. Parece que tras ellas no hay nada, que es imposible solucionar esto. ¿Qué hago Dios mío? Es la primera pregunta que deberíamos plantear.

¡Pues ahí está el abandono! Ese es el momento que debes pensar que detrás de las piedras no hay un vacío inabordable, es cuando debes confiar que en ese precipicio están las manos de Dios para sostenerte, para ofrecerte consuelo, para colocarte de nuevo en el camino de piedras planas. Pero has de confiar en ello.

Obrar con consciencia a la hora de bordear esas piedras, pensar que hay otros también implicados, son actitudes fundamentales para pasar al lado no a través de estos obstáculos. Pero hay que usar la razón, ahora sí, y ser inteligentes, no recurrir a las supuestas herramientas pica piedras: ira, desaliento, recompensas inmerecidas, rencores… con eso no se destruye nada y estaríamos perdiendo el tiempo para bordear esas rocas.

Me siento un inocente más, pero al menos me gustaría ser como Pulgarcito, que al final del cuento le robó las botas de siete leguas al ogro que lo apresaba para poder volver a casa… Dios mío, préstame tus botas para andar tu camino.

Lázaro Hades

 

 

 

 

 

 

 

 

2 comentarios

  1. Que bien plasmas las ideas,queda tan clarito que no tengo apenas nada que añadir.Enhorabuena por el post.

    Un cariñoso saludo.

  2. ¡¡¡¡ Quiero aprender!!! Pero ese abandono….Cada día acudo a pedirlo gracias a esas piedras del camino. Un abrazo

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