ARRODILLATÉ, POR DIOS.


Sentado en el mejor asiento de tribuna del moderno estadio olímpico de fútbol asisto al partido de la máxima rivalidad. Empate a cero y en el último minuto, ¡penalty!. Se palpa la tensión. El delantero estrella coge el balón y se dirige al punto fatídico. Con la mirada fija en el portero avanza lentamente para golpear el esférico… En ese momento, se pone de pie la persona que tengo delante de mi e impide mi visión. “¡Siéntate hombre!”, le digo mordiéndome las uñas. “Perdona, perdona“, me dice sentándose rápida y educadamente(…)

Por fin se estrena en mi cuidad la taquillera película cuyos efectos en 3D son absolutamente espectaculares. Me acerco a la sala sobando mis entradas de la fila 14, los asientos en el centro con inmejorable visión, enormes bolsas a rebosar de palomitas y a disfrutar de la peli. Pasada una hora de proyección, momento cumbre de la trama. El asesino se acerca a su víctima y… la persona que tengo delante se pone de pie impidiéndome que vea el desenlace. “¡Siéntate hombre!”, le digo sudoroso por la tensión. “Perdona, perdona”, me dice sentándose rápida y educadamente(…)

Iglesia de Nuestra Señora. Banco en fila 19, hoy a rebosar, se nota que celebramos una solemnidad importante. Familias completas se ven hoy en Misa. Comenzamos con unos cánticos preciosos y avanza la ceremonia.

Llega el momento en el que el sacerdote pide a Dios que se haga presente en la Eucaristía. Dios que se abaja, se va a hacer hombre convirtiendo un trozo de pan redondo y unas gotas de vino en su Cuerpo y su Sangre. Miles de años haciéndolo y aún hoy el ritual es emocionante.

Envuelto en su casulla blanca, el cura vuelca las palmas de la mano hacia abajo, parece proteger con ellas el pan y al vino, pero está dando inicio a un nuevo milagro. En ese momento, todos los asistentes se arrodillan al unísono. La emoción se palpa en el ambiente, viene Dios…

En el momento que también yo me arrodillo absolutamente concentrado, levanto la mirada y… mi vecino de la fila de delante ¡se queda de pie!. Pero si ya me cuidé yo de no  ponerme detrás de una persona mayor que a lo mejor tuviera dificultades para flexionar las rodillas (y eso que hay algunas que pese a no poder casi ni caminar lo hacen milagrosamente en cada liturgia).

Pero, mi vecino se queda de pie, de brazos cruzados (no quiero pensar que desafiante) observando un misterio tan difícil de asimilar por la razón como importante para el que ha asistido a misa sabiendo lo que hace.

Y mi vecino se queda de pie, a lo mejor a ido a Misa para acompañar a su mujer y sus hijos que querían que en esta solemnidad no les dejase solos. Al mismo tiempo “cumplía”. Puestos a cumplir ahora era un buen momento para quedar bien solo hincando la rodilla.

Pero vaya, si es Manolo, el mismo del fútbol y del cine. Pero aquí Manolo ¡no se arrodilla rápida y educadamente!. A lo mejor piensa que es mucha humillación.

Lo más seguro es que no sepa que lo que está contemplando es un milagro de tal dimensión que no nos queda otra que flexionar las rodillas. ¡El cuerpo de Cristo está delante tuya Manolo!!

El cree que de pie también lo está haciendo bien, pero no tiene ningún impedimento físico que no le deje inclinarse. Ese no es el problema, gracias a Dios, a ese Dios que se le está ofreciendo en ese momento con su cuerpo. Pero solo por eso, por tener salud para arrodillarse, debería hacerlo como agradecimiento.

Bueno, entonces por respeto. O es que a estas alturas aún no se ha dado cuenta que la persona que tiene detrás, cuando el sacerdote eleva la hostia consagrada, desearía poder clavar su mirada en ella e imitar al incrédulo Tomás apóstol exclamando:“Dios mío y Señor mío”. También desearía poder ver esa copa elevada con el vino transformado en sangre y hacer esa petición que no tiene fecha de caducidad: “que tu sangre, Dios mío, me empape y me embriague…“.

Una vez finalizado el ritual, vino y pan transubstanciados en cuerpo y sangre recién sacados del horno para ser engullidos por los fieles, Manolo observa como  todos se levantan y él, quizá amando a Dios con la misma intensidad o más que todos los que están allí, no ha reparado en que arrodillarse ante el cuerpo de Cristo es la mayor satisfacción que puede tener un hombre. Al menos un hombre que acude a su casa, a honrarle y cuando se honra a Dios arrodillarse no es una opción sino un gesto obligado.

También Manolo olvidó que si lo hizo en el fútbol y en el cine por educación, haberlo hecho en Misa, simplemente por cortesía al que se ha arrodillado detrás ya era un motivo para seguir brillando por su respeto a los demás.

A lo mejor Manolo no lo sabe. Por eso cuando salíamos, para no herir su sensibilidad, al saludarlo, no dude en decirle con cierta ironía: “¡Hombre Manolo!, qué partido el del otro día, que peliculón y fíjate, hoy en Misa había un hombre igual que tú delante mía que no se arrodilló en el momento de la consagración y me impidió disfrutar plenamente del misterio”

“Vaya por Dios”, dice Manolo.

Eso digo yo, Manolo, ...por Dios, arrodíllate.

Son opiniones personales que expongo con todos mis respetos, perdón si he ofendido a alguien.

 Lázaro Hades

8 comentarios

  1. Jajajajaja… ofensa ninguna, para nada, es fantástico. Creo que todas las personas que lean este artículo recordarán algunos momentos en los que querías ver, mirar, sentir … pero lo único que alcanzabas a ver era una espalda … A mi me ha pasado alguna vez y me ha venido bien para cerrar mis ojos y concentrarme en el milagro de tener allí delante EL CUERPO DE CRISTO (OU casi nada).
    Me ha encantado. Ahora me arrodillaré con más ganas si cabe, y tendré esto en cuenta por si alguna vez no puedo arrodillarme por motivos de salud, y me pondré en un córner donde yo pueda “VERTE” y no molestar a los que tenga detrás y también quieran “VERTE”.
    Muchas gracias (como siempre).

  2. Vengo de recibir una lección de humildad extra en el blog de Angelo,que es todo un ejemplo.Y llego al tuyo y …madre mia que post,genial.
    Que Dios os bendiga .

    Un cariñoso saludo.

  3. Emoción la que pones tú en tu relato. Tenemos una ventaja en la Eucaristía. No necesitamos ver, es más, a mí me ayuda cerrar los ojos, oír las palabras del sacerdote y adorar en mi interior esa llegada silenciosa que transforma todo lo exterior. Confieso que me encanta ver arrodillarse a los demás. Me imagino el cielo, como debe ser…
    Conozco a una persona que por su enfermedad, cada vez que intenta arrodillarse le supone unos dolores atroces , pero dice que siente la necesidad de hacerlo cuando todo un Dios se humilla hasta hacerse “nada” (recuerdo tu post de hace poco con una reflexión similar). O el de aquella persona en un país africano que sin piernas se arrastraba por el suelo para ir a Misa cada día , recorriendo por tierra cuatro kilómetros. A veces he pensado que haría si me encontrase con Jesús cara a cara. Lo único que logro imaginar es tirarme a sus pies. No sale nada más dentro de mi interior.
    Tu post me invita a un momento de interiorización. Muchas gracias

  4. Tras un breve paréntesis, vuelvo a la brecha…, pasando por mis blogs amigos, deseandoos muy feliz NAVIDAD. Tus posts siempre son un estímulo y un motivo para la profundidad, este mismo, es un buen ejemplo que es de agradecer. Un fuerte abrazo navideño.

    • Hola Arcendo. El paréntesis ahora lo hice yo y no pude responder a los comentarios.
      Gracias por seguir el blog.
      Bendiciones y felicidad para el nuevo año.

  5. Feliz Navidad.
    Gracias por tu entrada. Siento lo mismo que tú. Me gusta mirar, abrir los ojos y participar del misterio que me asombra cada día.

    • Feliz Año nuevo. No pude conectarme por unos días y tenía pendiente corresponder a tu comentario.
      Pido a Dios que te bendiga a ti y a tus hijos.

  6. Ante ese Dios que se abaja… no hay dolor que impida hincar las rodillas… no lo hay si uno verdaderamente esta viendo a Cristo que se alza ente las manos del sacerdote.
    Gracias.

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