¡LLEGO TARDE A MISA!


Nunca me había ocurrido antes.

Entro en Misa y justo el sacerdote proclama “podéis ir en paz…”.

¿Qué pasó?

Como es habitual, esa mañana me dirigía a recibir mi alimento en el lugar de siempre. Un bocata espiritual relleno de Cristo que me sirven calentito en un concurrido lugar sagrado. Suelen ser los mismos los que acuden a tomar su primera ración matutina (no falla nunca un numeroso grupo de señoras, todas vestidas con el mismo traje y velo que acuden reiteradamente y con especial devoción, se agrupan bajo el nombre de Franciscanas…igual has oído hablar de ellas),normalmente comparto con ellos este desayuno.

La misa de las 7,30 se ha convertido en el eje de mi espiritualidad y aunque me siguen preguntando porqué voy y porqué a diario, siempre tengo la misma respuesta. Voy a desayunar.
Hasta que no me encuentro con Cristo estoy “en ayunas” y ” me des-ayuno” gracias a que Dios tuvo la buena idea de hacerse hombre y ofrecerse en cada Eucaristía para los que vamos y para los que tienen pensado ir.

Pues como iba diciendo, esa mañana llegué tarde, muy tarde.

Todos los días me apresuro para llegar a punto casi en competición con los sacerdotes que ofician la Eucaristía que cada día son mas madrugadores y más rápidos. Está claro, entrenan más que yo.
A lo mejor es una manía, pero me gusta coincidir en el saludo a Dios que hace el sacerdote cuando besa el altar.

Para llegar a tiempo voy caminando deprisa por la calle, aun cuando el sol le habla de usted a la noche, tratando que no me encuentre con alguien que me entretenga, cabeza gacha y mirada clavada en el suelo.

Poca gente a esas horas de la mañana. Solo el infalible “buenos días” de la persona que hay dentro de un traje de impertinente color chillón de barrendero y una enorme bufanda que solo deja asomar los ojos de alguién mas acostumbrado que yo a saludar a desconocidos. Me hace desclavar la mirada del piso para responder tímidamente.

Pero aquella mañana, a pocos pasos de la puerta de la Iglesia, esa única persona que se cruza en mi tránsito al encuentro matutino con Dios, interrumpió mi ensimismada carrera.

“Vaya, ya llego tarde a Misa”, barrunté. Seguro que me iba a hablar del frío que hace.

Pero no era así. Este hombre que esconde canas debajo de su gorro de lana, me ha parado para ¡contarme su drama personal, a mí! Que no me conoce de nada!

Se ha derrumbado y entre lágrimas me ha detallado una situación personal que seguro coincide con la de muchas personas más. Pero esta me ha hecho llegar tarde a Misa…¡vaya por Dios! ¡Qué drama el mío!…

… llegados a este punto del artículo quiero contarte que dejé la escritura de esta experiencia justo cuando dieron las 9,30, mi segunda oportunidad para desayunar en Cristo.  Acudí a Misa, aún pensando en lo que me había ocurrido y teniendo en mente, más o menos, lo que iba a escribir para finalizar esta historia.

Pero en el Evangelio de hoy Jesús ya me tenía escrito el final del artículo.

¡Qué casualidad!(¿?). Hoy tocaba el Evangelio en el que Jesús nos dijo que dejásemos las 99 ovejas en el redil para atender a la descarriada. Me estaba diciendo que ir a Misa es importante, pero que no me afane en “mi rebaño” y mire una a una las ovejas que lo conforman.

Mi oveja de hoy se llamaba Pepe. Pepe el barrendero. El que me impidió llegar a Misa. Pero no. No me impidió nada. Me ayudo a darme cuenta que Dios hoy tenía pensados otros planes para mí. Y me estaba diciendo que fe y rutina no van de la mano. Que si no voy a las 7,30 voy a las 9,30 y si hoy no se puede, no se puede.

Pero ¿aún no me había dado cuenta qué me pedía hoy? Dios me volvía a hablar a la cara.

En nuestra conversación, anoté el número de teléfono de Pepe, lo he llamado y trataré de ayudar en la medida de mis posibilidades o en la medida que Dios disponga a navegar con él en su drama.

Dios elige cada día a quien llama, no vamos a Misa a presentarnos a un casting para ser elegidos… lo importante es tener el teléfono operativo las 24 horas…

Lázaro Hades.

Una respuesta

  1. Por cuestiones del destino ( Dios que esta presente en todo y que muchos solemos llamar destino) encontré este blog en el ciberespacio, doy gracias por eso. La lectura de estas reflexiones y anécdotas me han hecho entender que a fin de cuentas somos humanos y es de humanos rectificar y seguir el camino correcto. A la mitad de este post estaba yo pensando “Y porque Lazaro no se dio cuenta de que Dios nos habla de muchas formas, que quizá el barrendero lo necesitaba mucho más de lo que lo necesitase Dios en su casa para el desayuno esa mañana y donde quedo la caridad” y fue cachetada con guante blanco al ver que usted mismo por gracia de Dios cayó en cuenta de lo mismo que yo estaba pensando y de pasada me hace a mi reflexionar sobre mi actitud al juzgar sin escuchar toda la evidencia o al menos haberla terminado de leer. Gracias.

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