DIOS ME ESTÁ HABLANDO A LA CARA


MIRANDO A LA CARA
¿Te has parado a pensar en cómo Dios te habla?
¿Cómo lo hará cuando quiera decirte algo?
¿Cómo Dios se pone en contacto contigo?
¿Qué ocurrirá…?

Lo simple es pensar que si el mismo Dios se quiere poner en contacto conmigo, seguro que va usar un gran acontecimiento que me deje anonadado, con un gran espectáculo visual para que  yo caiga rendido a sus pies…
O a lo mejor no, que debo ser yo el que lo llame, concentrándome mucho en la oración y así entrará en contacto conmigo…
Quizá me envie a un religioso, a un cura, a un representante suyo que vendrá a hablarme y darme su mensaje…
No sé, ¿me dejará una llamada perdida en el teléfono móvil…?

Pues no, no creo que sea de ninguna de las situaciones que he descrito.

Dios se pone en contacto contigo a través de los acontecimientos y tu debes estar atento a lo que te está diciendo.
Y los acontecimientos a veces te están dejando mensajes muy claros, pero como te pares a pensar mucho seguro que te dejas algo sin hacer.

Por ejemplo, Dios te envía este mensaje: De forma espontánea, te surge el deseo de llamar a ese alguien que te ofendió y es necesario que alguno de los dos de el paso para reiniciar la amistad. Pero tras el impulso, te lo piensas (¡error!) y dices: “no, mejor que sea él”. Eso es como no descolgar el teléfono cuando Dios llama.

Otro caso: Está a punto de llegar ese día en el que tienes todo preparado con unos planes de disfrute que llevas tiempo esperando. Y te llama alguien que te quiere y te propone para el mismo día y a la misma hora, un plan, a priori, inversamente proporcional al primero. Pero a ese alguien le harías muy feliz cambiándolo pues él cree que es lo mejor para ti. ¿Pero cómo no voy a saber yo qué es lo mejor para mi? (me imagino a Dios oyéndome decir eso y tratando de contener la risa…”qué sabrás tú qué es lo mejor para ti”, diría El).
A mi me ha ocurrido algo parecido al segundo caso. He de confesar que sí, que me apetecía hacer lo que propuso la persona que me aprecia y que cree que su propuesta es lo mejor para mí, pero es que mi plan era mucho mejor… ¡Yo no lo cambio! Por unas semanas, cuando rezaba el padrenuestro he comprendido que para aquello de “no nos dejes caer en la tentación” no hacía falta que venga una serpiente con una manzana a convencerme… para las tentaciones, el maligno no necesita gastar mucho, cualquier cosa le vale.

El cambio de planes resultó que era que Dios me quería hablar a la cara, y me dejó bien claro dos cosas.

Primero, que cuando me quiera decir algo, que no piense mucho, que me ponga a oírlo SIN PENSAR. Nos podríamos pasar la vida entera pensando¿?, razonando¿?, investigando¿? si Dios existe, de donde viene y a donde va, y mientras se nos pasan las mejores ocasiones de disfrutarlo.


La segunda. Que cuando te hable Dios, préstale mucha atención, no te empeñes en contarle a otro qué te ha dicho, pues usó un lenguaje que caducó tras vuestra conversación, y ten en cuenta que, como dijo Tom Wolfe, “la casualidad es un disfraz que usa Dios para conservar el anonimato“.

Para finalizar te dejo un cuento que oí por primera vez en la película “En busca de la felicidad”, protagonizada por Will Smith junto a su hijo Jaden. (pulsando aquí puedes ver el video de este fragmento)

Un señor se está ahogando en el mar. Pasa un barco y le quiere salvar, pero el hombre lo rechaza: –muchas gracias pero no es necesario que me socorran. Dios vendrá a salvarme.

 Al cabo de un rato, el hombre sigue ahogándose y pasa otro barco que también quiere socorrerlo. Pero el hombre vuelve a contestar que no es necesario, que él es creyente y que está esperando a Dios, El vendrá a salvarlo.

 Finalmente el hombre se ahoga. Cuando llega al cielo y se encuentra con Dios le pregunta: – Dios, yo he sido un gran creyente y te rogué que me salvases, ¿por qué no lo hiciste?

 A lo que Dios le contestó: Te mande dos barcos…

Lázaro Hades

2 comentarios

  1. Estoy en la etapa del asombro. Sí, maravillado ante la delicadeza que Dios tiene para “contactar conmigo”. Nunca se repite, siempre sorprende y siempre me cautiva, soy yo el que no siempre estoy.
    Un fuerte abrazo.

    • Supongo que la etapa del asombro debe preceder a la del sosiego tras ser haber conocido su grandeza. Al mismo tiempo esa calma deberá aportar la estabilidad necesaria para saber que Dios siempre perdona nuestros silencios.

      Gracias. Un abrazo.

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