Para creyentes y no creyentes


Hoy escribimos algo para lectores creyentes y no creyentes.

Tengo algunos amigos que se definen “no creyentes”. Cuando escribo algunos artículos se los envío para que los lean pues conectarse a mi blog ya les parece mucho sacrificio. Los entiendo, es como si yo me quisiera conectar a un blog de física nuclear, por muy bien escrito que estuviera y por muy amigo mío que fuera el autor, apenas podría entender nada.

Sin embargo, mis amigos “no creyentes” entienden más de ser cristianos que yo de ser físico nuclear. En los tiempos que corren está muy bien visto definirse. Sobre todo si te defines en torno a alguna idea en la que te sientes bien arropado por el entorno. Hoy definirse “anti-cristianismo” no está mal visto, es más fácil que manifestarse a favor.

Hoy tomo a mis lectores “no creyentes”  como referencia para razonar porqué todos estamos “en el mismo barco”,  ya que casi todos los mayores de 20 años pertenecemos a generaciones en los que éramos bautizados cristianamente el 100% de los recién nacidos (hoy es otra cosa). En definitiva, se nos dio la oportunidad de tener un encuentro con el cristianismo en algún momento de nuestra vida. Estoy completamente seguro que todos los que se definen “anti” o “no” cristianos o creyentes han rezado más de una vez.

Por eso les insto a que al menos nos escuchen. Obviamente no les voy a pedir que hagan piadosas oraciones junto a mí, tampoco les pido que entiendan el porqué del ayuno en Cuaresma, ni que se paren a pensar qué significa rezar el Rosario o ir a Misa.

Les pido que entendamos que en el comportamiento de los cristianos, de los cristianos de fe, hay muchos valores ejemplares, muchos valores que no son exclusivos, pero si son el adn de los creyentes. La Fe, término muy difícil de definir en el sentido estrictamente religioso para que ellos lo entiendan, va moldeando tu comportamiento, siempre y cuando mantengas un espíritu receptivo, una mente enfocada en Cristo, pues solo con El basta, como diría San Rafael de Arnáiz.

Leía un relato en el que decía que una señora enferma en un hospital, medio ciega y sin piernas, rezaba el Rosario con cara de sufrimiento. Se le acerca el enfermero y le pregunta, ¿que le apena? y ella contesta: “estoy triste por el sufrimiento del hombre de la cama de al lado”. Ella está muy mal y sin embargo, no piensa en sí misma.

Pensar en los demás debe ser un valor inherente al cristiano, pero también lo debería ser para el no creyente.

Tenemos muchas cosas en común todos los hijos de Dios (o todos los habitantes del planeta, si estás leyendo desde el otro punto de vista), creyentes o no. Todos podemos ser héroes anónimos, pues con frecuencia se olvida el sentido épico de la existencia.

El cuento de Caperucita, sí el cuento de Caperucita Roja, deja bien claro el sentido heroico y aventurero, grandioso y épico que tiene la vida de cualquiera: Caperucita recibe una misión -llevar comida-, para un destinatario -su abuelita-, surgen unas dificultades por parte del enemigo -el lobo-, y ella es solicitada para realizarla -ella debe ser la heroína-.

Este cuento es un buen exponente de la vida de cualquier persona: todos tenemos una misión, todos, unas personas que serán beneficiadas por nuestra misión, unas dificultades… y realizar nuestra misión exige que seamos héroes.

Sin heroísmo, la vida es despreciable. ¿a qué heroísmo me refiero? Del de conseguir que en la vida personal y en mis ámbitos de influencia venza el bien sobre el mal, el amor sobre el odio… tu heroísmo es ayudar según tus posibilidades, seas cristiano o no, hacer bien el trabajo tuyo, sonreír también cuando cuesta, perdonar siete veces en un mismo día a la misma persona (Lc 17,4), ser puntual, querer al que tienes al lado y del que conoces sus defectos…

Hasta aquí mi escrito ha sido “universal”, el siguiente párrafo va reservado para los que tenemos la suerte de apoyarnos en El. De aquí podría salir una explicación de la fe para que lo entiendan los “no creyentes”: se trata de tener a alguien en quién confiar tus sentimientos, anhelos, deseos… pero no tratéis “razonar” de quién se trata…

Tú nos explicaste que lo que hacemos con los demás lo hacemos contigo. Por eso trataré de ser generoso, Jesús, con los demás. En concreto estos días de Cuaresma procuraré hacer muchos favores. Por favor, recuérdamelo, y que sepas que los haré por amor a tí y a ellos.

¡Cada día, al menos un buen favor!. Quiero, Señor, vivir el heroísmo de lo normal, de lo que toca cada día.

 

Lázaro Hades, inspirado en textos de José Pedro Manglano.

Una respuesta

  1. Estoy totalmente de acuerdo contigo,no hay que hacer cosas extraordinarias,sino lo ordinario hacerlo extraordinariamente.

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