Beato Marcelo Espínola. 19 de enero.


Beato Marcelo Spínola y Maestre.

Cardenal Arzobispo de Sevilla, de la Tercera Orden (1835•1906). Cofundador de las Esclavas del Divino Corazón. Beatificado por Juan Pablo II el 29 de marzo de 1987.“El Arzobispo mendigo”,  como fue llamado por su amor franciscano a la pobreza y por su caridad inagotable para con los pobres, es una figura eminente de pastor y de santo como los otros cardenales recientemente elevados al honor de los altares: Andrés Carlos Ferrari, José Benito Dusmet, José María Tomasi.

Nació de noble familia en San Fernando. Pasó la infancia siguiendo los traslados de su padre: Motril, Valencia, Huelva, Sanlúcar de Barrameda y Sevilla. Aquí se doctoró en jurisprudencia en 1856, año en que la familia se trasladó a Huelva. Aquí el joven abrió su oficina legal haciéndose notar por sus servicios gratuitos en el campo legal a los pobres. Dejada la profesión, entró al seminario de Sevilla y recibió la ordenación sacerdotal en 1864. Como capellán en Sanlúcar de Barrameda y luego como párroco de S. Lorenzo en Sevilla, demostró un gran celo pastoral y dedicó su mejor tiempo sobre todo al ministerio de la reconciliación. Nombrado en 1879 canónigo de la catedral de Sevilla, el 6 de febrero de 1881 fue elegido obispo auxiliar de la misma arquidiócesis. Promovido obispo de Coria•Cáceres en 1884, desarrolló allí un intenso apostolado. Entre otras visitó la zona más deprimida de España, Las Hurdes, situada en su diócesis y con Clelia Méndez y Delgado fundó la Congregación de las Esclavas del Divino Corazón.Trasladado a la diócesis de Málaga en 1886, diez años más tarde pasó a ser Arzobispo de Sevilla. San Pío X lo hizo cardenal en 1905. Murió en Sevilla el 19 de enero de 1906, a los 71 años de edad.
Se distinguió por su celo infatigable por la salvación de las almas, el espíritu de oración, la intensa mortificación, su paternal ternura para con los que sufrían y los marginados. De carácter sencillo, humilde, alegre, fue un verdadero franciscano, perfecto imitador de Cristo buen Pastor. De él puede decirse con el profeta: “El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido, me ha enviado a anunciar a los pobres la buena noticia, y a sanar los corazones afligidos”(Lc 4,18). “No me habéis elegido vosotros, fui yo quien os elegí y os destiné para que deis fruto abundante, y vuestro fruto permanezca”(Jn 15,16).

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